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Por Pastor Rev Cesar A. Peña

Las Misiones Biocupacionales

La exploración de los «quiénes» y de los «cómo» de  Por Jonatán Cortés

«¿Cuál es, realmente, su trabajo aquí?», pre­guntó el oficial de aduana con cara de «pocos amigos». Roberto posó su vista rápidamente sobre lo que el oficial estaba revisando. Con terror vio lo que alguien bien intencionado de su iglesia había escrito en un sobre: «Para uso exclusivo del misionero».

            Roberto es un obrero biocupacional. Lue­go de tomar un curso corto sobre cómo ense­ñar inglés en el extranjero, había obtenido un trabajo en uno de los países de acceso creati­vo en Asia. ¿Qué se suponía que el oficial cre­yera? ¿Roberto era un maestro de inglés o un misionero? En fin, era ambas cosas.

 Dilemas biocupacionales

            Ahora bien, la historia de Roberto no termina allí. A pesar de que al fin consiguió su visa, las preguntas continuaron llegando. Él sólo enseña unas cuantas horas a la semana, por lo que le preguntan las razones, además de sus clases, que lo llevaron a vivir en ese país. A menudo es presionado con muchas pre­guntas, las que son cada vez más fuertes. Él sabe que a pesar de tener su visa para ense­ñar, jamás habría ido al país donde se en­cuentra sólo para enseñar inglés, sino que en realidad está allí como misionero

 Presiones

            Se muestran las presiones internas y externas de Roberto. La presión viene de fuentes externas  como las personas locales que intentan desafiarlo, pero internamente enfrenta la presión de su conciencia, la cual comienza a acusarlo. Como muchos obreros biocupacionales, Roberto no tuvo que lidiar con todo esto antes de salir de su país, ahora todo esto parece agobiarlo.

            El asunto de una identidad verdadera es uno de los temas críticos para el éxito en este caso. Muchos obreros biocupacionales han fracasado por no haber lidiado con este aspecto antes de ir al campo. Cuando la posición de un obrero biocupacional no puede sostenerse más e su fachada, la sospecha es una reacción natural. Un ejemplo puede ser un hombre de 35 años que ha estado matriculado en la universidad local por años sin mostrar ningún progreso hacia la obtención de un grado.

            Las preguntas son interminables, “¿Por qué viniste a trabajar aquí?”, “Este es un país pobre y con pocas oportunidades para ofrecerte”, ¿Porqué querrías vivir aquí en vez de tu país, donde hay más libertad y es más fácil ganarse la vida?”, “¿Qué hay de tus padre y familiares?, ¿No los extrañas?”, “¿Cuánto ganas?”, “¿Cómo puedes sostener a tu familia y vivir tan bien ganando poco?”, “¿Cuál es la verdadera razón por la que estás aquí?”.

 Fuentes de presión

Existen asuntos éticos que deben considerar-se cuando se va a ir a un país como obrero biocupacional. Vale la pena considerar:

  • Suprimir información.
  • Escribir medias verdades.
  • Esconder la verdad.
  • Vivir una doble vida hasta cierto punto.
  • Ser obligado a tomar otras decisiones éticas difíciles.
  • Colocar a la familia en circunstancias difíciles, exponiéndolos a un posible detrimento.

            El ser confrontado con dichos asuntos no es algo que pueda tomarse livianamente. Tan­to para la familia como para los contactos mi­nisteriales, para el equipo ministerial y para el propio obrero biocupacional hay mucho en juego. Es importante discernir si se puede operar dentro de este estilo de ministerio, y hacerlo manteniendo una conciencia clara an­te Dios y ante los hombres. Muchos obreros biocupacionales han fracasado por no haber resuelto estos conflictos dentro de si mismos, antes de salir al campo.

 3. ¿Qué se podría haber incluido en la orientación que Roberto tomó antes de salir al campo, para tratar de lidiar con estos asuntos de conciencia?

Testificar sin proselitismo

            No existe ninguna ley que te prohíba expre­sar abiertamente tu fe personal en Jesucristo. Jesús mismo dijo: «Yo públicamente he habla­do al mundo» (Jn. 18.20). Pablo dijo: «Como nada fuese útil he rehuido de anunciaros» (Hch. 20.20). Debemos caminar en luz y nun­ca engañar o mentir. No obstante, también la Escritura aclara que no todo tiene que ser re­velado.

            La razón principal por la cual los gobier­nos prohíben oficialmente el proselitismo es porque en el pasado esto ha estado unido a ataques o insultos en contra de la religión principal de cada país, lo que ha dividido a muchos de sus grupos religiosos y sociales. Este tipo de acusaciones ha contaminado al-tos estándares morales, ha alejado a la gente del nacionalismo o incluso ha derrocado al estado presentando una subcultura occi­dental. Todas estas actividades pueden pro­ducir desórdenes sociales y problemas para el gobierno.

            Es posible, por la gracia y sabiduría de Dios, que una persona sea un hijo de Dios, un adorador de Cristo y aun contribuir con el bienestar económico, incluso de una nación atea.

 «A medida que los obreros biocupacionales invierten sus vidas en el cumplimiento de la Gran Comisión es necesario que tengan sabiduría y discreción con respecto de lo que comunican, tanto en forma verbal como con todo lo que hacen»

             Es posible ser un siervo de Cristo y no blasfemar contra otros dioses o traicionar los intereses del gobierno de algún otro país. Si los cristianos que se dejan regir por la Biblia dejan que esa Palabra se haga carne en sus vidas (Jn. 1.14) si son capaces de enseñar amablemente como humildes siervos de Cris­to (2 Ti. 2.24-26), y si tienen un mensaje de amor ágape (Jn. 3.16), entonces no siempre van a trastornar el orden establecido. Ellos van a traer a Cristo y lo presentarán a otros pecado­res iguales que ellos; mostrarán un Salvador y Redentor que los ama y a quien ellos importa­ron lo suficiente como para morir por ellos.

 ¿Cuál es la mejor solución para las presiones internas y externas del dilema biocupacional?

 La mezcla del trabajo y el ministerio

            Marcos había pasado un largo tiempo en su país consiguiendo las credenciales necesarias. Presentía que la experiencia que había acumulado en ese proceso le serviría para realizar su sueño de ministrar transcultural­mente. Durante sus años de preparación se había casado y había tenido dos hijos. Se en­contraba en sus treinta para cuando la iglesia lo comisionó y lo envió al país donde habría de ministrar.

            La compañía para la cual Marcos trabaja­ba secularmente tenía la política de llenar las necesidades educacionales de los hijos de sus empleados. Por esta razón, Marcos y su fami­lia fueron alojados cerca de la escuela interna­cional, en una comunidad construida para los extranjeros. El trabajar duro para no ser absorbidos por el ambiente de la comunidad extranjera, lo cual le impediría desarrollar relaciones con aquellos a los que había ido a ganar para Cristo, se convirtió en una lucha diaria para toda la familia. Mientras tanto, la esposa de Marcos se quejaba de que se le ha­cía difícil aprender el idioma, a causa de la responsabilidad que tenía de criar a sus hijos.

 «Evitar el dilema de la identidad biocupacional es difícil Es importante estudiar este asunto profundamente antes de salir al campo, manteniendo una convicción firme dentro de sí mismo»

             Además, la adaptación cultural se hacía difí­cil, ya que al estar ellos más allá de sus treinta años, tenían patrones culturales bastante bien establecidos. Por otro lado, Marcos tenía nu­merosas responsabilidades en cuanto a pre­parar operaciones bajo condiciones difíciles en el negocio; el trabajo en la oficina era duro y a menudo tomaba mucho tiempo, así que después de un buen día de trabajo, Marcos estaba exhausto y listo para pasar el resto de la noche relajadamente.

            El no era el tipo de persona que podía cambiar rápidamente de una actividad a otra.

            El establecer relaciones a través de las cuales pudieran ministrar era difícil, tanto para él como para su esposa. Como resultado comen­zaron poco a poco a abandonar los sueños que habían tenido en un principio de desarrollar el mismo tipo de ministerio en el que estaban envueltos en su país.

 ¿Cuáles eran los obstáculos para las misiones biocupacionales eficaces que estaban enfrentando Marcos y su fami­lia? ¿Se podían evitar? De poder, ¿cómo hacerlo?

Los Fundamentos

            Este capítulo aborda de manera más profunda el manejo de las creencias personales, puesto que los países de acceso creativo no son los lugares para enviar a alguien que no esté seguro de su doctrina. Recientemente, en una conferencia de entrenamiento que tu­vo lugar en Brasil, se contó lo que le sucedió a un joven misionero de ese país. Mientras se encontraba trabajando como misionero biocupacional en el norte de África, un líder religioso musulmán le lanzó el reto de que tuvieran un duelo espiritual. «Pasemos un día orando y dialogando sobre nuestra fe», sugirió el musulmán. «Yo oraré a Alá y tu orarás a tu Dios. Oraremos para que la verdad sea revelada». Al final del día el joven brasileño se había convertido al Islam.

            Muchos cristianos son como este joven: se mantienen en su fe a través de una parti­cipación entusiasta junto con otros creyentes en su iglesia madre, pero carecen de conoci­miento bíblico a nivel personal, así como de convicciones sólidas sobre lo que la Biblia enseña. Aunque este no es una solución espiritual saludable, una iglesia puede proveer cierto sentido de seguridad a tales individuos al adoptar estos, en términos generales, lo que el liderato cree. Sin embargo, tal y como demuestra el incidente recién narrado, re­sulta muy peligroso enviar este tipo de individuo a un ambiente en el cual es muy proba­ble que sus creencias personales sean atacadas por personas que han sido entrenadas, con el propósito específico de demoler a los cristianos débiles.

 La Biblia por fundamento

            Un misionero biocupacional debe creer, en pri­mer lugar, que la Biblia -tanto el Antiguo co­mo el Nuevo Testamento- es la Palabra inspi­rada de Dios, la cual es inequívoca e infalible en todo cuanto afirma. A través de la Biblia Dios ha provisto la revelación completa de su voluntad acerca de la salvación del hombre. La Biblia es también la autoridad divina y fi­nal respecto a lo que concierne a la fe, la vida y el servicio cristianos. Examinemos cada uno de estos conceptos individualmente.

 La Palabra inspirada de Dios

            Las palabras de la Biblia son inspiradas por Dios (2~ Ti. 3.16). Los escritores de la Biblia fueron inspirados por el Espíritu Santo (2~ Pe. 1.21). No significa que Dios los manejara me­cánicamente como robots o como operadores de algún procesador de palabras.

 «A través de la Biblia Dios ha provisto la revelación completa de su voluntad acerca de la salvación del hombre Ella es la autoridad divina y final sobre lo que concierne a la fe, la vida y el servicio cristianos»

             La inspira­ción de la Biblia tampoco significa que solo las palabras de Jesús son inspiradas, o que so­lo los pensamientos y no las palabras son inspiradas. Debemos rechazar la idea de que la Biblia se convierte en la Palabra de Dios úni­ca y exclusivamente cuando uno tiene una experiencia subjetiva de encuentro con Dios al leer las Escrituras. La Biblia, escrita por hombres inspirados por el Espíritu Santo, es la Palabra eterna de Dios.

 Inequívoca e infalible

            Puesto que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, ella es inequívoca e infalible. Inequí­voca significa que la Biblia no tiene equivoca­ciones, mientras que infalible quiere decir que la Biblia es exacta en todo lo que afirma. No se trata de que la Biblia afirma que todo lo que contiene es verdadero y correcto. Por ejemplo, una frase del Salmo 14:1 establece:

«No hay Dios.» El contexto de dicha afirma­ción nos permite comprender que la Biblia no respalda el ateísmo, sino que denuncia la lo­cura del mismo.

 ¿Por qué es de suma importancia que los obreros biocupacionales actúen en base a la convicción firme de que la Biblia es la Palabra inspirada, inequívoca e infalible de Dios?

Nuestra autoridad

            Existe un proceso lógico de razonamiento: La Biblia es la Palabra inspirada de Dios, por lo que es también inequívoca e infalible. Y es a causa de estos atributos que la Biblia es nues­tra autoridad final en cuanto a los asuntos de fe, vida y servicio.

            Dentro del cristianismo las iglesias tienen diferentes confesiones, declaraciones de fe, credos, tradiciones y prácticas, las cuales son muy importantes y significativas, pero son secundarias. Ellas se derivan de las declara­ciones bíblicas. Existe, por lo tanto, el peligro de elevar estas reglas secundarias que gobier­nan la vida y el servicio de las diferentes igle­sias. La Biblia es, sin embargo, la regla y auto­ridad infalible. Jesús mismo, en su controver­sia con los fariseos, estableció claramente que las tradiciones humanas deben examinarse siempre a la luz de la Biblia (Mr. 7.1-13).

 La Palabra y el servicio misionero

            «...Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (2 Ti. 3.15). Antes que nada, la Biblia es testigo del propósito perdurable de Dios de llevar al hombre y a la mujer hacia la salvación a través de Cristo Jesús. Este es el punto principal de las Escrituras. Su mensaje es el evangelio de Jesucristo. Sin la Biblia no podemos saber qué compartir con las perso­nas de manera que puedan ser salvos.

            El evangelio del Señor Jesucristo es algo muy sencillo, en cuanto a su contenido básico se refiere. «El evangelio que os he predicado por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos.» «...Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado y que re­sucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los do­ce...» (l Co. 15.1-5) Al mismo tiempo, el Evangelio se presenta en la Biblia como algo de gran riqueza de contenido, a causa de la riqueza que hay en Jesús mismo. «...Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento...» (Col. 2.3). Sin la Biblia nunca llegaríamos a conocer la ri­queza del Evangelio para compartirla con los demás. La Biblia es imprescindible para cual­quier empresa misionera.

 Dependencia del Espíritu Santo

            La Biblia fue producida por el Espíritu Santo. Él la inspiró. La Biblia es el medio a través del cual el Señor Jesucristo, por la ministra­ción del Espíritu Santo, provee salvación, ins­trucción y dirección. Él ilumina las mentes y corazones de aquellos que oyen la Palabra de Dios, de manera que puedan entender su ver­dadero significado y aplicarlo a sus vidas y ministerios (Jn. 16.7-11). La disposición para poner en práctica o aplicar las enseñanzas de la Biblia a nuestra vida diaria es la clave para entender su verdadero significado. El Espíri­tu Santo nos instruye e impulsa a obedecer (l Co. 2.12-13). El Espíritu Santo opera de esa forma.

            ¿Cómo cultivamos nuestra dependencia del Espíritu Santo? Primero debemos relacio­narnos con Él correctamente. La Palabra nos ordena que seamos «llenos del Espíritu» (Ef. 5.18). Más específicamente nos impele a ser llenos continuamente del Espíritu. En otras palabras, debemos mantenernos en una con­tinua comunión con él.

 Estabilidad doctrinal

            Hoy en día el pluralismo religioso (Aceptación general de los múltiples sistemas religiosos) ha toma­do mucho auge. Debemos estar dispuestos a comprender la fe de las personas con quienes compartimos el Evangelio. Es necesario que tomemos tiempo para leer y analizar sus en­señanzas, y para comprender qué creen y có­mo lo creen. Debemos, también, tomar nota de su vocabulario y de sus patrones de pen­samiento. Si realmente amamos a los demás, esto es lo menos que debemos hacer, ya que el amor demanda que comprendamos y estimemos lo que es de estima para ellos a quienes amamos.

            Las llamadas «sectas cristianas», tales co­mo ciencia cristiana, espiritismo, testigos de Jehová, mormonismo, la Iglesia de la Unifica­ción, y otros proclaman «cristos» muy dife­rentes al que nosotros conocemos. Los funda­dores de las nuevas religiones afirman que han recibido nuevas revelaciones.

            Las religiones tradicionales continúan declarando su naturaleza divina y la relación de la humanidad con la divinidad. Los budis­tas teravada ignoran la verdad suprema reli­giosa, los budistas jodoshinshu sostienen que la experiencia de salvación-iluminación es posible, simplemente por ejercer la fe en el «Amida Buda» y recitando el «nembutsu». Los monjes Zen creen que el «saton» (ilumi­nación) se obtiene sólo a través de la autodis­ciplina. Además, las religiones no cristianas no son meramente conjuntos de conceptos acerca de la verdad suprema religiosa y el destino del hombre, sino que incluyen siste­mas de cultura, sociedad y del gobierno ade­más de sus fundamentos religiosos. Son esti­los de vida que abarcan todas las áreas del que hacer humano.

 Dios, el hombre, la creación, el universo y la historia

            Los misioneros biocupacionales deben poseer una cosmovisión bien fundamentada sobre Dios, el hombre, la creación, el universo y la historia. Los cristianos creen que el único Dios eterno, que es tanto creador como juez de todos los hombres. Es un Dios que no sólo crea sino que también gobierna todas las co­sas. Por lo tanto, Él es Señor de la historia y trae juicio al final de la misma. Él es Un-Solo-Dios, pero existe en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

            La humanidad fue creada a la imagen de Dios. Todos los seres humanos poseen, por lo tanto, igualdad y dignidad, cualquiera -sin importar raza, religión, color, cultura, clase, sexo o edad- debe ser amado y servido.

 Cristo, el Espíritu Santo, el pecado y la salvación

            Aunque fue creado a la imagen de Dios, el hombre se rebeló contra Él y cayó en pecado; y así entró la muerte al mundo. Es por esto que la doctrina de la salvación y la redención en el Señor Jesucristo y la doctrina del Espíri­tu Santo, son cruciales.

            He aquí un modelo de las doctrinas de Cristo y del Espíritu Santo para obreros biocupacionales

  • Creemos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, habiendo sido con­cebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Murió en la cruz como sacrifico por nuestros pecados, conforme a las Escritu­ras. Además resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, donde, estando a la derecha del Padre, es ahora nuestro sumo sacerdote y abogado.
  • Creemos que el ministerio del Espíritu Santo es glorificar al Señor Jesucristo y, du­rante esta era, convencer al hombre de peca­do, restaurar al pecador creyente, morar en él, dirigirlo, instruirlo y darle poder para vi­vir una vida santa y de servicio.
  • Creemos que el hombre fue creado a la imagen de Dios, pero cayó en pecado y está, por lo tanto, perdido. Sólo a través de la rege­neración por medio del Espíritu Santo puede obtener la salvación y la vida espiritual.
  • Creemos que la sangre derramada de Je­sucristo provee el único medio posible para la justificación y la salvación de todo aquel que cree, y que solo aquellos que reciban a Je­sucristo son nacidos del Espíritu Santo y por lo tanto se convierten en hijos de Dios.

 La iglesia cristiana, la escatología

            La doctrina de la Iglesia, así como sus orde­nanzas y escatología puede variar entre los concilios de iglesias y denominaciones. No obstante, desde una perspectiva evangelística y misionológica, las doctrinas de la Iglesia y del regreso de Cristo son esencialmente im­portantes y concordantes en las diferentes ex­presiones del movimiento evangélico en ge­neral. Las siguientes declaraciones fueron to­madas del Pacto de Lausana.

            Afirmamos que Cristo envía a su pueblo redimido al mundo, tal como el padre lo envió a él; y que esto requiere una penetra­ción mundial, de costo y profundidad simila­res. Necesitamos salir de nuestros «guetos eclesiásticos» y cubrir a la sociedad no cristia­na. El evangelismo es lo principal dentro el servicio sacrificado de la misión encomenda­da a la iglesia. Le evangelización mundial re­quiere que toda la Iglesia lleve el Evangelio a todo el mundo.

 Espiritualidad

            Entre los cristianos muchas veces se pre­sume que el desarrollo espiritual ocurre auto­máticamente, como resultado de que una per­sona es salva. Este desarrollo se considera co­mo un asunto de información solamente y no como un componente crucial de la vida de un creyente. Sin embargo, en cualquier ministe­rio el aspecto espiritual debe ser el foco cen­tral desde el principio hasta el final. De he­cho, en la historia de las misiones el desarro­llo de la espiritualidad cristiana siempre ha sido la clave para una proclamación eficaz del Evangelio.

Al observar el estado espiritual actual del mundo que necesita que el Evangelio sea predicado, nos damos cuenta de que la influen­cia del secularismo, el materialismo y otras religiones -tanto antiguas como nuevas- ha ido aumentando. Como consecuencia, la gen­te ha ido desarrollando diferentes ideas sobre la espiritualidad, de modo que es necesario que los obreros comprendan el significado bí­blico de la misma, así como las principales es­cuelas de pensamiento relacionadas con este tema.

            Los cristianos están llamados a presentar sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, lo cual es su culto espiritual de ado­ración (Ro. 12.1). También están llamados a ser sacerdotes santos, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (l Pe. 2.5). La espiritualidad bíbli­ca se puede entender al menos desde cuatro perspectivas diferentes: (1) la creación del hombre efectuada por Dios, (2) la caída del hombre y el juicio de Dios, (3) la redención del hombre por la fe en Cristo, y (4) el servi­cio del hombre hacia Dios por medio del po­der del Espíritu.

            En la historia de la Iglesia ha habido al menos tres diferentes escuelas de pensamien­to en cuanto a la espiritualidad. La primera es personal, haciendo hincapié en el estar en la presencia de Dios, el amor de Dios, la oración y la adoración. La segunda escuela de pensa­miento es conceptual y dogmática, con su én­fasis en el conocimiento de la Biblia y de Dios, particularmente en la santidad de Dios. La tercera escuela se concentra en la praxis, el hacer cosas para Dios, así como en la justicia de Dios.

            Hasta donde he podido observar, los mo­vimientos misioneros del occidente se incli­nan a definir la espiritualidad cristiana en ba­se al «saber» o al «hacer», mientras que en los países no occidentales puede prevalecer la idea del «ser». Sin duda, todo grupo de per­sonas -sea nacional, étnico, religioso o so­cial- tiene su propio modo de comprender la espiritualidad, así como su propia expecta­tiva y necesidad de ella. Esta es un área en la que los misioneros biocupacionales necesitan ser entrenados para poder convertirse en tes­tigos eficaces de Cristo.

La demonología y guerra espiritual

            La guerra espiritual es otra área sobre la cual los misioneros biocupacionales deben estar bien informados -y para la cual deben estar bien entrenados. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principa­dos, contra potestades, contra los gobernado­res de las tinieblas de este siglo, contra hues­tes espirituales de maldad en las regiones ce­lestes» (Ef. 6.12).

            Es necesario que los obreros biocupacio­nales comprendan la realidad del maligno y sus huestes. El diablo tiene muchos nombres tales como Satanás, destructor, Belcebú, ser­piente, dragón y príncipe de este mundo. Es fuerte y violento, además de ser muy inteli­gente y mentiroso. Puede oprimir, obsesionar, morar en los humanos y aun poseerlos. El diablo desacredita el mensaje viviente del Evangelio, mantiene a los cristianos en silen­cio, causa orgullo, lujuria, dudas y temor. Opera a través del mundo, la carne, endemo­niados, ¡e incluso a través de cristianos!

            Los obreros biocupacionales deben estar equipados con el poder de la Palabra, con el Espíritu Santo y con todas las demás armas espirituales que están disponibles. La victoria sobre el poder y la obra del diablo ha sido ga­nada a través de la muerte y la resurrección de Jesús. Los cristianos deben mantenerse en Cristo de modo que puedan hacer propia la victoria sobre el enemigo.

 Ser competente, tanto a nivel bíblico como doctrinal

            Los cristianos deben crecer en el conoci­miento del Señor Jesucristo. El tiempo diario que pasamos a solas con Dios constituye una parte importante en el logro de este creci­miento.             Es un momento para escuchar a Dios hablarnos individualmente a través de la Bi­blia. Por medio del devocional y el estudio de la Palabra nuestros corazones son consola­dos; nuestras mentes aclaradas, nuestras al­mas refrescadas, nuestra fuerza renovada y nuestra fe fortalecida. Podemos encontrar el perdón y la seguridad de que nuestro pecado ha sido borrado.

            «¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera andado Israel!» (Salmo 81:13) Dios está dispuesto a hablarnos, desea hacerlo de manera que su pueblo pueda vivir vidas agradables delante de Él. «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi cami­no» (Salmo 119:105). Dios nos guiará en el ca­mino por el cual desea que caminemos. «Si

permanecéis en mí, y mis palabras permane­cen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho» (Jn. 15.7). Permanecemos en Cristo cuando su Palabra permanece en noso­tros. «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para co­rregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Ti. 3.16-17). A medida que la Palabra de Dios opera en nosotros, crecemos en Él y vamos convir­tiéndonos en cristianos maduros.

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