| La
señora estaba bastante enferma y ansiaba ser consolada. El pastor llegó y le dijo: Usted
está enferma porque ha pecado y no ha confesado su pecado. Arrepiéntase si quiere
sanarse. Usted dirá que esa no es la mejor forma de aconsejar a una persona que
necesita ayuda, y estoy de acuerdo. Pero, entonces, ¿Cómo podemos prestar un mejor
servicio a quienes nos piden un consejo u orientación?
A veces una persona
necesita urgentemente ayuda pero el pastor se encuentra ausente; entonces usted, como
obrero cristiano, debe estar listo para ayudarle. A continuación doy algunas
recomendaciones que el consejero debe tener en cuenta.
1. El siervo cristiano,
como consejero, usa el recurso espiritual.
A.- Depende del Espíritu Santo.
No podemos pasar por alto la dirección del
Espíritu Santo. Si no dependemos de Dios para ayudar a una persona que acude a nosotros
en busca de una orientación no podremos ceñirle eficazmente. Antes de aconsejar a la
persona pida al Señor que le utilice, no dependa de sus conocimientos o experiencias
solamente. Pero pida su dirección, no sólo cuando se le presente un caso de estos, sino
que dependa continuamente del Señor.
B.- Usa la Biblia.
El consejero cristiano debe estar familiarizado con la Biblia para poder usarla en el
momento apropiado. En la Biblia encontramos muchos consejos que podemos usar al
aconsejar a personas necesitadas; por ejemplo, para un desalentado está el Salmo 2:3;
para un enfermo el Salino 41, y así sucesivamente. Lea su Biblia diariamente, meditando
en lo leído y aplicando a su vida lo que ella le enseña.
C.- Confirma a la persona cuanto lo ama Dios.
La
persona que busca ayuda espera ser acogida y no rechazada. Muéstrele el amor que DIOS
le tiene y hágale sentir ese amor. Háblele del valor que como persona tiene para Dios y
de cuánto él se interesa por ella. Muchas veces la persona ha cometido una falta grave y
cree que ni Dios mismo le puede perdonar; entonces. Usted, como buen consejero, debe
asegurarle que Dios le sigue amando a pesar de lo que ha hecho y que está dispuesto a
perdonarle sí le pide perdón.
D.- Ora con la persona.
Al
terminar la conversación ore. Es muy recomendable que ella ore primero y luego usted.
Presente delante de Dios el problema que se le ha confiado y pídale consuelo para la
persona. No repita, en su oración, los consejos que ya le ha dado a la persona, limítese
a pedir la dirección de Dios para ella y su fortaleza en medio de la crisis.
2.- El siervo cristiano, como consejero, es uno en quien
se puede confiar.
A.- Inspira confianza.
Sea amable y esté siempre dispuesto a
prestar sus servicios a quien los solicite. Dé a la persona la esperanza de que si puede
ayudarle y no le diga que es incompetente para hacerlo. No le haga pensar que no tiene
ninguna ayuda que ofrecerle, porque usted sí la tiene.
B.- No se escandaliza ni sale para escandalizar.
Muchas
veces las personas no comunican sus problemas por temor que sus secretos sean divulgados.
El consejero cristiano debe ser alguien que respeta las confidencias. No se espante por lo
que la persona le cuente ni se lo diga a otros, porque esa actitud destruye a la persona.
C.- No condena.
No condene a la persona; recuerde que ella
necesita ayuda y no reproches. Si la persona le cuenta un acto malo que ha cometido,
aunque crea que merece una fuerte reprensión, no lo haga. Pongamos el ejemplo de una
joven que ha tenido relaciones sexuales con su novio y ha quedado embarazada; en vez de
decirle: "has pecado y debes recibir el castigo de Dios", dígale: "Debes
reconocer que hiciste mal y que necesitas pedir perdón a Dios".
D.- No desfigura el problema.
Posiblemente
el problema que la persona le comunica es algo que ocurre frecuentemente en la mayoría de
los seres humanos; sin embargo, no debe decirle que ese problema no tiene importancia,
porque para ella si la tiene. Tampoco agigante el problema, porque en vez de ayudar a la
persona la va a espantar. Mire el problema tal como es. Dele la importancia que para la
persona tiene; identifíquese emocionalmente con ella, mirando la situación desde el
punto de vista de ella y no de usted.
3.- El siervo cristiano, como consejero, es uno que
puede ayudar.
A.- Escucha.
Tal
vez una falla en este campo es hablar más en
vez de escuchar. El consejero debe desarrollar la facultad de oír atentamente a las
personas. Hay que reconocer que el solo escuchar a una persona le representa una gran
ayuda. Puede desahogarse y sentir un agradable ánimo con el simple acto de hablar. No se
impaciente si no tiene mucha oportunidad de hablar, pues, tal vez todo lo que la persona
necesita es expulsar, por medio de las palabras, todo aquello que la agobia. Comience
desde ya a desarrollar la facultad de oír más y hablar menos.
B.- Comprende.
Indispensablemente
el consejero debe comprender el problema y a la persona. Después de escuchar todo lo que
ésta tiene para decirle haga un repaso de lo escuchado para estar seguro que ha entendido
el problema. En muchas ocasiones las personas dan muchos rodeos para hablar y todo lo que
dicen son eventos no muy importantes y ocultan lo más importante. El consejero debe
estar despierto para captar esto y si la persona después de un rato de estar dando
vueltas y más vueltas no llega al fondo del asunto puede decirle: Usted me ha
estado contando esto pero creo que me oculta lo principal. Una vez que está seguro
que la persona le ha contado absolutamente todo y después de haber hecho el repaso usted
puede decirle: "Comprendo su problema" o, Entiendo muy bien su
situación" o, "me imagino que esto le ha hecho sufrir mucho". Esto le
sirve de introducción al consejo u orientación que le va a dar.
C.- No anda muy de prisa.
Si en el
momento que la persona le busca para pedirle ayuda usted no cuenta con mucho tiempo
disponible es mejor que le cite para otra oportunidad cuando pueda dedicarle el tiempo que
ella necesita. No ande muy deprisa, porque puede impedir que la persona le cuente todo
lo que quiere comunicarle; además usted no tendrá el tiempo suficiente para analizar la
situación v hacer las recomendaciones necesarias. Si usted tiene otra actividad pendiente
estará más preocupado por la hora del próximo compromiso y su mente estará pensando
más en ello que en lo que la persona le cuente.
D.- Conoce sus limitaciones.
No se
esfuerce por ser un sabelotodo; nadie lo es, y usted debe reconocerlo. Si el problema que
se le ha comunicado está más allá de su alcance, dé a la persona un consuelo, un
sostén pero remítala a quien puede ayudarle más. Si el problema es el alcoholismo usted
puede sugerirle a la persona que busque algún grupo
de alcohólicos Anónimos.
Tal vez la persona mas
indicada para ayudar sea su pastor, entonces recomiéndele que vaya donde él indicándole
la fecha en que puede hacerlo. Sería muy conveniente en este caso informar a su pastor
para que esté pendiente de la visita.
E.- Responde a la necesidad de la
persona.
No
coloque un remiendo blanco en un trapo negro. Trate de dar pautas que la persona pueda
seguir; preséntele alternativas que se pueden tomar para que entre ambos las analicen y
vean cuál es la más conveniente. A veces la persona está en un dilema y no sabe qué
hacer; usted puede hacer sus recomendaciones y de esta forma ayudarle a decidirse. No
olvide que la ayuda espiritual es indispensable. No importa que clase de problema está
tratando, recurra a la ayuda divina.
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Caesar Peña |