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IGLESIA BAUTISTA COMUNIÓN, ACADEMIA DE SIERVOS

Por Pastor Rev Cesar A. Peña

El siervo Cristiano Como Consejero

La señora estaba bastante enferma y ansiaba ser consolada. El pastor llegó y le dijo: Usted está enferma porque ha pecado y no ha confesado su pecado. Arrepiéntase si quiere sanarse.

Usted dirá que esa no es la mejor forma de aconsejar a una persona que necesita ayuda, y estoy de acuerdo. Pero, entonces, ¿Cómo podemos prestar un mejor servicio a quienes nos piden un consejo u orientación?

A veces una persona necesita urgentemente ayuda pero el pastor se encuentra ausente; entonces usted, como obrero cristiano, debe estar listo para ayudarle. A continuación doy algunas recomendaciones que el con­sejero debe tener en cuenta.

 1. El siervo cristiano, como consejero, usa el recurso espiritual.

A.- Depende del Espíritu Santo.

No podemos pasar por alto la dirección del Espíritu Santo. Si no dependemos de Dios para ayudar a una persona que acude a nosotros en busca de una orientación no podremos ceñirle eficaz­mente. Antes de aconsejar a la persona pida al Señor que le utilice, no dependa de sus conocimientos o experiencias solamente. Pero pida su dirección, no sólo cuando se le presente un caso de estos, sino que dependa continuamente del Señor.

B.- Usa la Biblia.

El consejero cristiano debe estar familiarizado con la Biblia para poder usarla en el momento apropiado. En la Biblia encontra­mos muchos consejos que podemos usar al aconsejar a personas necesitadas; por ejemplo, para un desalentado está el Salmo 2:3; para un enfermo el Salino 41, y así sucesivamente. Lea su Biblia diariamente, meditando en lo leído y aplicando a su vida lo que ella le enseña.

C.- Confirma a la persona cuanto lo ama Dios.

La persona que busca ayuda espera ser acogida y no recha­zada. Muéstrele el amor que DIOS le tiene y hágale sentir ese amor. Háblele del valor que como persona tiene para Dios y de cuánto él se interesa por ella. Muchas veces la persona ha cometido una falta grave y cree que ni Dios mismo le puede perdonar; entonces. Usted, como buen consejero, debe asegurarle que Dios le sigue amando a pesar de lo que ha hecho y que está dispuesto a perdo­narle sí le pide perdón.

D.- Ora con la persona.

Al terminar la conversación ore. Es muy reco­mendable que ella ore primero y luego usted. Presente delante de Dios el problema que se le ha confiado y pídale consuelo para la persona. No repita, en su oración, los consejos que ya le ha dado a la persona, limítese a pedir la dirección de Dios para ella y su fortaleza en medio de la crisis.

2.- El siervo cristiano, como consejero, es uno en quien se puede confiar.

A.- Inspira confianza.

Sea amable y esté siempre dispuesto a prestar sus servicios a quien los solicite. Dé a la persona la esperanza de que si puede ayudarle y no le diga que es incompetente para hacerlo. No le haga pensar que no tiene ninguna ayuda que ofrecerle, porque usted sí la tiene.

B.- No se escandaliza ni sale para escandalizar.

Muchas veces las personas no comunican sus problemas por temor que sus secretos sean divulgados. El consejero cristiano debe ser alguien que respeta las confidencias. No se espante por lo que la persona le cuente ni se lo diga a otros, porque esa actitud destruye a la persona.

C.- No condena.

No condene a la persona; recuerde que ella necesita ayuda y no reproches. Si la persona le cuenta un acto malo que ha come­tido, aunque crea que merece una fuerte reprensión, no lo haga. Pongamos el ejemplo de una joven que ha tenido relaciones sexuales con su novio y ha quedado embarazada; en vez de decirle: "has pecado y debes recibir el castigo de Dios", dígale: "Debes reconocer que hiciste mal y que necesitas pedir perdón a Dios".

D.- No desfigura el problema.

Posiblemente el problema que la persona le comunica es algo que ocurre frecuentemente en la mayoría de los seres humanos; sin embargo, no debe decirle que ese problema no tiene importancia, porque para ella si la tiene. Tampoco agigante el problema, porque en vez de ayudar a la persona la va a espantar. Mire el problema tal como es. Dele la importancia que para la persona tiene; identifíquese emocionalmente con ella, mirando la situación desde el punto de vista de ella y no de usted.

3.- El siervo cristiano, como consejero, es uno que puede ayudar.

A.- Escucha.

Tal vez una falla en este campo es  hablar más en vez de escuchar. El consejero debe desa­rrollar la facultad de oír atentamente a las personas. Hay que reco­nocer que el solo escuchar a una persona le representa una gran ayuda. Puede desahogarse y sentir un agradable ánimo con el simple acto de hablar. No se impaciente si no tiene mucha oportunidad de hablar, pues, tal vez todo lo que la persona necesita es expulsar, por medio de las palabras, todo aquello que la agobia. Comience desde ya a desarrollar la facultad de oír más y hablar menos.

B.- Comprende.

Indispensablemente el consejero debe comprender el problema y a la persona. Después de escuchar todo lo que ésta tiene para decirle haga un repaso de lo escuchado para estar seguro que ha entendido el problema. En muchas ocasiones las personas dan muchos rodeos para hablar y todo lo que dicen son eventos no muy importantes y ocul­tan lo más importante. El consejero debe estar despierto para cap­tar esto y si la persona después de un rato de estar dando vueltas y más vueltas no llega al fondo del asunto puede decirle: “Usted me ha estado contando esto pero creo que me oculta lo principal”. Una vez que está seguro que la persona le ha contado absolutamente todo y después de haber hecho el repaso usted puede decirle: "Comprendo su problema" o, “Entiendo muy bien su situación" o, "me imagino que esto le ha hecho sufrir mucho". Esto le sirve de introducción al consejo u orientación que le va a dar.

C.- No anda muy de prisa.

Si en el momento que la persona le busca para pedirle ayuda usted no cuenta con mucho tiempo disponible es mejor que le cite para otra oportunidad cuando pueda dedicarle el tiempo que ella necesita. No ande muy deprisa, porque puede impedir que la per­sona le cuente todo lo que quiere comunicarle; además usted no tendrá el tiempo suficiente para analizar la situación v hacer las recomendaciones necesarias. Si usted tiene otra actividad pendiente estará más preocupado por la hora del próximo compromiso y su mente estará pensando más en ello que en lo que la per­sona le cuente.

D.- Conoce sus limitaciones.

No se esfuerce por ser un sabelotodo; nadie lo es, y usted debe reconocerlo. Si el problema que se le ha comunicado está más allá de su alcance, dé a la persona un consuelo, un sostén pero remítala a quien puede ayudarle más. Si el problema es el alcoholismo usted puede sugerirle a la persona que busque algún  grupo de alcohólicos Anónimos.

Tal vez la persona mas indicada para ayudar sea su pastor, entonces recomiéndele que vaya donde él indicándole la fecha en que puede hacerlo. Sería muy conveniente en este caso informar a su pastor para que esté pendiente de la visita.

E.- Responde a la necesidad de la persona.

No coloque un remiendo blanco en un trapo negro. Trate de dar pautas que la persona pueda seguir; preséntele alternativas que se pueden tomar para que entre ambos las analicen y vean cuál es la más conveniente. A veces la persona está en un dilema y no sabe qué hacer; usted puede hacer sus recomendaciones y de esta forma ayudarle a decidirse. No olvide que la ayuda espiritual es indispensable. No importa que clase de problema está tratando, recurra a la ayuda divina.

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