Permita que la
Biblia sea su eterno consejero.
Levítico
4:1-56:7 La
Ofrenda por el Pecado (chatta'ah)
(Levítico 4:1-5:13) era una ofrenda obligatoria para la cobertura del pecado.
Podría ser un buey, un carnero, un cabrito, palomas, o pichones o incluso harina
refinada, dependiendo de la naturaleza del caso. Esta ofrenda cubría los pecados
por debilidad o capricho, sin intención. No cubría los pecados de presunción en
desafío a Dios, o los pecados por rebelión. No lidiaba con los pecados en
general, sino con pecados particulares.
Números 15:30-31 nos recuerda que no había propiciación por la persona
desafiante. La idea era de agitar el puño levantado contra Dios. Los pecados
arbitrarios no estaban cubiertos, y de tales actos solo se esperaba el juicio de
Dios.
El
adorador traía su animal al Tabernáculo, y en presencia del sacerdote, colocaba
sus manos sobre la cabeza de la víctima como identificándose con su sacrificio.
El animal era asesinado y la sangre era rociada o bien en los cuernos del altar
mayor o en el Lugar Santo hacia el velo. El fuego en el altar de bronce consumía
la grasa. En algunos casos, la carne
era daba a los sacerdotes. Las piezas que no se consumían eran quemados
fuera del campamento.
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La ofrenda por la culpa (asam)
era muy similar a la ofrenda por el pecado. El procedimiento y el propósito
era el mismo, sin embargo, la ofrenda por la culpa era un tipo especial de
ofrenda por el pecado. La vida de la sufriente víctima
era aceptada como un sustituto de la vida y la culpabilidad del
ofensor. Parecería que este hilo común que amarrara la ofrenda de culpa, era
una ofensa que incomodaba tanto a Dios como al hombre. El animal hacia
expiación ante Dios por el individuo. La restitución era dada también por el
sacrificio del animal. No sólo el ofrendante tenía que hacer la restitución,
sino que pago una multa
equivalente a una quinta parte del valor. El adorador hacía una confesión
personal de pecado específico que había cometido (5:5). Este conocimiento
daba lugar a una profunda sensación de culpa y de humillación.
Debido a su conocimiento personal del pecado, él debía obtener el perdón y
la restitución.
La muerte de Jesucristo en la cruz fue la ofrenda completa y final del
pecado.
Nuestro Salvador sin pecado, voluntariamente llevó sobre sí mismo, nuestros
pecados para que pudiéramos tener la justicia perfecta de Dios. Él era "sin
pecado" (Hebreos 4:15), "Santo, inocente, sin mancha, apartado de los
pecadores y hecho más sublime que los cielos" (7:26). El apóstol Pablo dijo:
"Él [Dios] lo hizo [Jesucristo], que no conoció pecado por nosotros lo hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios" (2 Corintios
5:21). Por esa razón Jesús exclamó: "Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has
desamparado?" (Mateo 27:46).
Cristo es nuestra propiciación y nuestra expiación. Como nuestra
propiciación la ira de Dios hacia el pecado ha sido satisfecha y echada
fuera por la muerte de Cristo (Romanos 5:21; 1 Juan 2:2; Romanos 3:23). Por
nuestra expiación, Él cubre todos nuestros pecados y restaura la relación
entre Dios y el creyente. Él quita el pecado mediante el sacrificio de Sí
mismo y éste satisface a Dios.
Cristo "se ofreció a sí mismo" (Hebreos 7:27). Él lo hizo una sola vez y por
todos, nunca más, ser repetido como hacían los sacerdotes Aarónicos. El
sacrificio de Él fue todo suficiente. No eran necesarios los sacrificios
diarios después de que Él fue a la cruz y murió por nosotros. Jesucristo "no
hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no
respondía con maldición; cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la
causa al que juzga justamente; quien llevó el mismo nuestros pecados en su
cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados,
vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados" (1 Pedro
2:22-24). Él fue el Cordero de Dios sin mancha, cargó los pecados de otros.
"Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para
que nosotros estando muertos a los pecados vivamos a la justicia." Pedro nos
habla lo mismo que Pablo estaba enseñando.
Incluso el profeta hebreo Isaías predicaba el mismo mensaje profético en
Isaías 53:4-6, 10.
"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades
"Mas él fue herido por nuestras
rebeliones,
"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
"Jehová quiso quebrantarlo, |
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"Sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él" (1
Juan 3:5). El totalmente puro sin pecado Cordero de Dios, Jesucristo, vino y
murió como nuestra ofrenda de sacrificio por el pecado. Cristo cubre todos
nuestros pecados. Cualquier otro pecado que hemos cometido o que hemos de
cometer está por debajo de Su sangre. Su sacrificio en la cruz por nuestros
pecados es todo-suficiente. "Porque también Cristo padeció una sola vez por los
pecados, los justos por los injustos para llevarnos a Dios, siendo a la verdad
muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu (1Pedro 3:18). Cada pecado
debe ser cubierto para que nosotros podamos estar frente a un santo Dios. Los
pecados por rebelión, así como de debilidad no intencionada de la carne deben
ser expiados, porque Dios es santo. "Hijos míos, estas cosas os escribo par que
no pequéis, y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a
Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no
solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Juan
2:1-2).
La
muerte de Jesús es un sacrificio sustituto satisfactorio para ofrecer el perdón
por todos nuestros pecados.
Sin
embargo, la apropiación de Su muerte no es universal y automática. Es la
responsabilidad de cada individuo, poner su fe y confianza en Jesucristo para
ser salvo. Dios ya hizo todo lo que tenía que ser hecho para salvarte. Cristo
fue a la cruz y murió por tus pecados. El Espíritu Santo está tocando tu
corazón, quizás causando intranquilidad mientras usted lea esto. Él está
preparando su corazón y su mente para que reciba a Cristo como su Salvador. Toma
unos momentos ahora mismo, vuélvete de tus pecados y de tu incredulidad, y cree
en Jesucristo como tu Salvador. Confiésale a Él tu
necesidad por esa provisión de la cruz, que Cristo murió por ti y confía
en Su muerte y resurrección para salvarle a usted en este momento. Adelante,
toma unos momentos ahora, y da gracias al Señor Dios por la perfecta ofrenda de
sacrificio de Jesucristo mismo en tu nombre. Pídele a Jesucristo que sea su
Salvador.
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe y esto no es de vosotros, pues
es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9).
Zaqueo era un hombre rico que se acercó a Jesús y no sólo creyó en Cristo, sino
también hizo restitución de sus actos pecaminosos (Lucas 19:1-10). Se puso de
pie e hizo algo que el joven rico se negó a hacer en Lucas 18:22. Zaqueo de su
propia voluntad decidió dar la mitad de lo que poseía a los pobres y devuelve
cuatro veces más por todo el daño que había cometido. Aquí estaba la evidencia
de que Cristo había cambiado su vida. La restitución se basa siempre en el
sacrificio sustituto para el
pecador. La expiación viene primero, luego la restitución. Todas las ofrendas
comienzan con un sacrificio vicario. Un sustituto murió en el lugar de otro.
Dado que la expiación del sacrificio fue dado, la restitución fue ofrecida, así
como la ofrenda de paz demostró que la paz ya fue consumada por medio de la
expiación.
(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds. Traducción por David Zeledon.
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