Guillermo G. puso un pequeño grabador en su abrigo antes de salir a
recoger a su hija para ir de picnic. Había decidido grabar los comentarios hostiles que
haría su ex-esposa con respecto a sus derechos para visitar a la hija de ambos.
En realidad el hombre registró su propia muerte en
lo que un fiscal denominó "23 minutos de asesinato". Pablo W., de 21 años, fue
acusado del asesinato de Guillermo. El grabador dejaba pruebas concluyentes de que Pablo
había cometido el crimen, aun cuando él se confesaba inocente.
El abogado defensor explicó al jurado que su defendido era inocente ya que el día del
asesinato estaba "legalmente demente". El defensor alegó que Pablo había
tenido una infancia difícil con una madre demente y un padre ofensivo y cruel, a lo que
se agregó una constante serie de problemas de custodia y tutela después de haberse
casado con la ex-esposa de Guillermo G.
El abogado aseguró que Pablo no había planeado la muerte del otro hombre pero que se
había visto forzado a matarlo "en el último minuto, luego de un invariable y
continuo aumento de la presión."
Nuestros tribunales están llenos de esta clase de abogados, que día tras día hallan
excusas para las acciones de sus clientes. Pero al margen de lo que decidan las cortes y
los jueces, tales personas deberán vivir con la pesada carga de su culpa.
En nuestra sociedad, algunos abogados y psicólogos han tratado de reemplazar la
responsabilidad personal y el pecado con explicaciones pseudo-científicas por haber
obrado mal.
¿Qué ha pasado con el pecado?
Un estudioso de psicología declaró: "Durante varias décadas nosotros los
psicólogos consideramos toda la cuestión del pecado y responsabilidad moral como una
gran pesadilla, y aclamamos nuestra liberación de esas cadenas como la iniciación de una
nueva era. Pero a la larga hemos descubierto que ser 'libre' en este sentido--es decir
tener la excusa de ser 'enfermo' en vez de 'pecador'--también conlleva el peligro de
estar perdido."
Otro psicólogo afirmó en un reciente artículo: "La fuerza del mal ha
desaparecido del mundo; la pecaminosidad ya no es el destino del hombre. Las nuevas
'ciencias' de la psicología, sociología y psiquiatría han hecho a un lado conceptos
tales como la voluntad, la fuerza de voluntad, la maldad y la holgazanería, y los han
reemplazado por la represión política y psicológica, el mal ambiente, la interacción
familiar dañada y los malos genes. Uno a uno, los fracasos y errores humanos han recibido
el nuevo nombre de 'enfermedades'".
Pero el mismo psicólogo se opone a este pensamiento moderno, diciendo: "De
últimas, debemos asumir responsabilidad por nuestras acciones." El pecado debe ser
redescubierto una vez más en nuestra generación.
Si uno va más allá de la superficie, verá que la mayoría de las personas lleva una
carga de culpa que nadie más conoce. Secretamente escondemos esta culpa en lo profundo de
nuestra alma. Luego, a instancias del psiquiatra, negamos que esa culpa exista. La
reprimimos. Hacemos cualquier cosa, menos admitir nuestras fallas. La ironía es que
nuestra culpa seguirá persiguiéndonos hasta tanto la confesemos.
Alguien ha dicho, y con razón: "Nada está arreglado hasta que está bien
arreglado." Podemos inventar toda clase de excusas y explicaciones, podemos hacer lo
que queramos, pero nada estará arreglado definitivamente hasta que esté bien arreglado.
"El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta
alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13). En estos tiempos cuando se asegura que
todo es lícito y abundan excesos de toda índole, necesitamos aprender los principios
fundamentales de la salud mental, social y espiritual.
La misionera Corrie ten Boom declaró: "La sangre de Jesús jamás ha limpiado
excusas." Necesitamos aprender a confesar y a abandonar nuestros pecados--no nuestras
excusas--para poder experimentar el perdón de Dios.
Tomado del libro: DE LA MANO DE
JESUS. Luis Palau, su autor, dice: "Pensé en escribir este libro para mis nuevos
hermanos en Cristo, para aquellos que hace poco entregaron su vida al Señor Jesúsy
también para aquellos que hace tiempo tienen a Cristo en su corazón pero se han
estancado en su crecimiento espiritual.
En estas páginas deseo presentar un
plan de 52 pasos que, idealmente, debería completarse en un año, es decir a razón de un
paso por semana.
He sido testigo de nuevos cristianos
que quieren crecer, aprenderlo todo de golpe, y poner en práctica todo inmediatamente. Y
consecuentemente también he sido testigo de la frustración de esos cristianos cuando se
dan cuenta de que sus planes no se concretan como ellos habían soñado.
Sucede que en su entusiasmo un nuevo
cristiano muchas veces reacciona como una persona extremadamente hambrienta: se da un
atracón que, por lo general, no resulta muy beneficioso.
DE LA MANO DE JESUS es un plan
gradual, de conocimiento dosificado. Lea un paso cada semana, medite en lo leído, trate
de aplicarlo de manera práctica durante esa semana, y procure incorporarlo
definitivamente en su vida."