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La Iglesia como el Reino de Dios
El reino de Dios en contraposición al reino de este mundo, es la iglesia, condición óptima en la cual el ser humano habita disfrutando de toda clase de bendición espiritual y bajo la protección efectiva de Dios. Si nosotros encontramos el reino de Dios, en donde El es el Rey por supuesto, entonces tenemos todas las cosas que deseamos. Mateo 6:33 "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."
Para entender mejor el termino “reino” traeremos a la atención del oyente las frases de “reino vegetal”, “reino animal” “reino mineral” y entonces tendremos una idea mas clara del “reino de los cielos” y del “reino de Dios”. Hay tres reinos básicos en el ámbito de la Biblia. Primeramente tenemos el reino de este mundo el cual es tipificado en la Biblia como el atrio del tabernáculo o como la carne del cuerpo humano, también es descrito ampliamente en el Génesis como la tierra de Egipto (vida en pecado) o reino de Satanás. El reino de los cielos es la condición espiritual en el hombre, también conocida como el desierto, el lugar santo y el alma del ser humano en este punto el creyente reconoce a Dios, pero estando fuera de el. En el reino de los cielos, Dios existe a lo lejos, a lo largo y fuera del creyente. En este ámbito, a Dios se le busca en los templos o en los montes altos, pero el reino de Dios es la Tierra prometida, el Lugar Santísimo del Tabernáculo, el espíritu en el hombre mezclado con el Espíritu de Dios.
Entiendase pues el termino "reino" como el dominio, dejando claramente establecido que los diferentes dominios: el reino de este mundo, el reino de los cielos, el reino de Dios. El reino del mundo esta bajo el mando de Satanás, el reino de los cielos es la vida espiritual sin importar que espíritu sea y el reino de Dios es únicamente para los hijos de Dios en donde el Señor Jesucristo es el ser supremo digno de todo honor y gloria. En el reino de Dios, el creyente ha dado ese paso tan importante conocido como “nacido de nuevo”. Bajo esta condición, el creyente ya no busca a Dios sino que lo vive dentro de si, el apóstol Pablo resume magníficamente esta condición diciendo: “Ya no vivo yo mas vive Cristo en mi”. Esto es lo que conocemos como “iglesia”. En el pasado, estábamos tan confundidos con ciertos elementos que no descifrábamos claramente lo que la Biblia nos enseña, pero gracias a la inspiración divina, la Biblia se nos ha abierto a la luz del entendimiento humano mas precioso llegando al punto de ver con toda claridad lo que espiritualmente significa la Palabra de Dios..
Primero es el reino de este mundo, donde el príncipe es Satanás, aquí reside nuestra naturaleza humana pecaminosa luego el reino de los cielos donde residen todos los espíritus sean del bien o del mal y es la plataforma de lucha donde somos llevados por el engaño del diablo o bien rescatados por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo, y después esta el reino de Dios. Para entrar al reino de Dios, primeramente debemos abandonar la tierra del pecado que es el reino de este mundo luego entramos al reino de los cielos en donde hay grandes luchas entre el bien y el mal y después al reino de Dios en donde hay gozo, paz y justicia.
El reino de Dios está expuesto en el Libro de Génesis como “El Jardín del Edén” y “Tierra prometida”. En el nuevo Testamento se conoce como “iglesia”. Dios puso un manto de separación entre el lugar santo y el lugar santísimo, (entre el alma y el espíritu) conocido en Génesis como una espada de fuego revolvente, algo similar a lo que hoy podríamos denominar “una cortina de fuego” impenetrable. Esa cortina no permitió a Adán y Eva regresar al reino de Dios debido a su pecado. A causa del pecado el hombre perdió la vida eterna y por eso fue expulsado del reino de Dios. Adán fue expulsado del reino de Dios, y estrepitosamente al reino de este mundo en la misma forma que le sucedió a Satanás. Dios mantiene vigente una ley que dice “La paga del pecado es la muerte” y siendo que Adán peco, paso a ser muerto espiritualmente permaneciendo en el reino de este mundo bajo el comando de Satanás.
Conocemos muy bien la historia del pueblo hebreo en Egipto en donde ellos permanecieron 400 años esclavizados por Faraón, (quien es tipificado como el diablo), dándonos así la figura de la esclavitud que mantenemos con el pecado antes de ser aceptados en el reino de los cielos y por ende en el reino de Dios.
Dios escogió como libertador a Moisés y lo envió a Egipto a sacar a su pueblo que estaba en esclavitud. Moisés con el poder de Dios, saco al pueblo hebreo de aquella tierra y lo dirigió por el desierto camino a Canaan, la tierra prometida. Así mismo Dios escoge un misionero para enviarlo a sacar a los pecadores de la condición de pecado y traerlos a la iglesia, este misionero es Cristo el Señor que también es nuestro Salvador personal. . El camino a recorrer entre Egipto y Canaan es relativamente corto, esto es similar a la distancia que hay entre ser un pecador y ser santificado en Cristo para Dios, pero Dios requiere que el hombre pase primero por el desierto o sea por un tiempo en su vida en el cual deba disciplinarse y aprender mas a depender de Dios. Esto significa que el creyente una vez aceptado a Cristo como su Señor y Salvador, tiene que residir en el alma un tiempo antes de penetrar en el reino de Dios que es la iglesia cuerpo de Cristo, de los redimidos por el cordero que quita los pecados del mundo.
Dios amó al mundo a pesar del pecado y para traerlo a su reino, entregó a su Hijo para que muriera y el mundo fuese salvo. (Juan 3:23) Hoy en día, por medio de la muerte de Jesucristo, esa división o pared divisoria ya no existe, el manto fue rasgado en el mismo instante que Jesús murió en la cruz y ahora todos somos invitados a entrar al cielo de Dios, a la iglesia. Pasar del atrio al lugar santo solo es por medio de la puerta que es Jesús. La muralla de separación entre el mundo y el cielo siempre existe pero ahora hay una puerta de entrada abierta la cual es Jesucristo quien nos invita a entrar y disfrutar de las maravillosas riquezas del Señor.
Al
entrar al cielo debemos ir vestidos de Cristo (haber sido bautizados en su
nombre) y haber dejado atrás las vestiduras carnales del hombre viejo y
corrupto. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; (Juan
10:9)
Un arrepentimiento previo, creer en el Evangelio y ser bautizado.
:El
momento llego a su punto, Dios quiso dar por terminado el periodo de muerte por
la ley de Moisés y decidió traer la vida por medio de la muerte de Jesucristo su
Hijo amado. “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado;
arrepentíos, y creed en el evangelio”. (Marcos 1:15) Jesús comienza su
ministerio con un aviso previo: “Arrepentíos” lo cual significa “renuncien” a su
manera de vivir, ya se termino la vida de maldición y de muerte, cambien su
trayectoria, busquen la luz y la vida eterna. Este arrepentimiento es a
consecuencia de haberse saciado del pecado, de estar cansado y cargado de las
cosas de este mundo, de estar herido a causa de las inclemencias que representan
mantenerse en el mundo de pecado, de haber reconocido el erróneo camino que
seguíamos y considerar que allá al otro lado, a la inversa, esta el reino de
Dios esperándonos y en donde habrá fiesta por nuestro arrepentimiento. Esto es
haber creído en el Evangelio, o sea las buenas nuevas de salvación. El apóstol
lo dice claramente: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que
no creyere, será condenado”. (Marcos 16:16)
Para entrar al reino de Dios primero debemos entrar al reino de los cielos.
El Apóstol Pedro recibió las instrucciones y el permiso de "abrir" el reino de los cielos.. (Ver Mateo 16:19) "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" dándole a entender que lo que haga en su vida terrenal será hecho en su vida espiritual o celestial y viceversa, no hay separación, es una misma vida, una misma relación, esta unido lo carnal con lo espiritual, ya no hay separación, ya Cristo unió ambos terrenos con su muerte. Esta en Cristo. Ha abandonado Egipto, ha pasado por el desierto y está en la ribera del río esperando ser trasladado a la tierra prometida. No hay manera de pasar del atrio al lugar santísimo sin pasar por el lugar santo (alma), del atrio pasamos al lugar santo habiendo sido crucificados juntamente con Cristo en la cruz. Luego debemos santificarnos en Cristo, la línea divisoria del atrio al lugar santo es la cruz (altar) del sacrificio. Debemos ser bautizados por Jesucristo en Espíritu Santo y fuego.
La mejor manera de comprobar si estamos en el reino de Dios es echando fuera
demonios
En el reino de Dios no hay cabida a los demonios, no hay lugar al pecado ni a Satanás. "Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios." (Mateo 12:28) Los demonios deben quedar en Egipto, en el atrio, en la carne, y nosotros debemos entrar por la puerta que es Jesucristo, ser muertos en el pecado por el bautismo y entrar al lugar santo que es el alma para ser llevados por nuestro Sumo Sacerdote que es Jesucristo al cielo, al lugar santísimo, a la tierra prometida que es su iglesia.
El reino
de Dios es el huerto del Edén, el lugar santísimo, donde Dios es el rey y
nosotros su pueblo santo, puro y sin pecado. Jesucristo es el árbol de la
vida,(la vid verdadera) El es la vida eterna. El nos invita a entrar al reino de
Dios comiendo de El esa vida eterna. El hombre en su estado natural no puede
entrar a causa del pecado pero Cristo por la muerte en la cruz nos hace
candidatos a entrar si le comemos a el y bebemos su sangre.
La entrada nuestra al reino de Dios – iglesia - es en base espiritual únicamente
y por eso no podemos entrar si existen obstáculos, recuérdese el camino
recorrido, hemos pasado de muerte a vida, de las tinieblas a la luz, de lo
carnal a lo espiritual.
Todos los aspectos carnales permanecen en Egipto o en la carne o en el atrio, y ellos serán un obstáculo para entrar al reino de Dios. He aquí la descripción de algunos obstáculos:
Mateo 19:24 "Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios." No es que los ricos no puedan ingresar, es su pesada carga de las riquezas que les impide entrar. Jesús calificaba de difícil, no imposible pero si difícil para los ricos entrar al reino. “No os hagáis tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen y en donde ladrones minan y hurtan. Sino haceos tesoros en el cielo”..(Mateo 6:19)
Y es que
las riquezas vuelven duro el corazón de los hombres. Por eso Jesús decía que el
reino de Dios era para los pobres, no dijo para los que no tienen sino para los
que no están confiando en las riquezas. Lucas 6:20 “Y alzando los ojos hacia sus
discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el
reino de Dios”. Así como es tan difícil que los ricos abandonen las riquezas,
así es de difícil que entren al reino de Dios.
Creer en la Palabra es más importante que sentirse libre de pecados
Jesús explica que los publícanos y las rameras creyeron en la predica de Juan y no así los fariseos y los escribas y les dice lo siguiente: " De cierto os digo, que los publícanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios." Mateo 21:31. Una explicación muy clara de que no es en base a la religión que somos miembros del cuerpo de Cristo sino en base a la fe en El como cabeza de la iglesia. Jesús es el Señor pero Dios es el Padre. Jesús dijo “No todo el que me dice Señor, Señor entrara en el reino de los cielos sino todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos” En la Iglesia Jesucristo es la cabeza y nosotros su cuerpo, no podemos ser miembros de la iglesia si pretendemos ser los principales, tenemos que humillarnos hasta la negación del yo, hasta lograr decir “Ya no vivo yo mas vive Cristo en mi”
Perderemos el privilegio de estar en el reino de Dios si no damos frutos
No podemos disfrutar del reino a larga distancia ni heredarlo. Las riquezas del reino están reservadas para los que moran en el reino y no para los extraños. "Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él." (Mateo 21:43)
Nuestra misión en el reino es dar frutos. Juan 15 nos explica este asunto de dar
frutos, Jesús es la Vid verdadera y nosotros somos las ramas que debemos dar
frutos, las ramas que no den fruto serán cortadas y echadas al fuego. Pero ¿Cuál
es ese fruto que debemos dar? Adán recibió un mandato: “Fructificad y
multiplicaos” y “Llenad la tierra”. La Tierra prometida que es el cielo, es la
iglesia, debe ser llena de seres arrepentidos y santificados en Cristo, nosotros
debemos engendrar hijos no solo en el plano carnal sino en el espiritual para
que no seamos cortados y echados al fuego. No necesariamente debemos tener hijos
carnales, es mas importante tenerlos en el espíritu. El Señor Jesús no tuvo
hijos carnales y tampoco el Apóstol Pablo sin embargo ellos engendraron hijos en
el espíritu.
Los misterios del reino solo deben conocerlos los que creen, los que están
adentro, santificados en Cristo Jesús “Y les dijo: A vosotros os es dado saber
el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas
las cosas; para que viendo vean y no perciban. Y oyendo oigan y no entiendan,
para que no se conviertan y les sean perdonados los pecados”. Marcos 4:11
El Evangelio es poder de Dios
Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la
tierra; Al igual que una semilla en la tierra comienza a germinar y a formar un
tallo que luego crece y llega a dar fruto, así es la palabra en el corazón de un
creyente con fe que sin darse cuenta esa palabra crece, se fortalece y da fruto
(Marcos 4:26).
El reino de Dios es el lugar santísimo, es la iglesia, no hay cabida para la
contaminación ni la inmundicia, ningún miembro que no sea del cuerpo de Cristo y
ningún miembro de nuestro cuerpo humano que sea pecaminoso pueden entrar en el.
Dice la Biblia por medio del apóstol: Marcos 9:43 “Si tu mano te fuere ocasión
de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir
al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44 donde el gusano de ellos no
muere, y el fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer,
córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en
el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46 donde el gusano de ellos no
muere, y el fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer,
sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos
ser echado al infierno”, la iglesia tiene que mantenerse santa y digna de su
Señor.
Nuestra actitud tiene que ser totalmente infantil para entrar al reino
Dejad a
los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de
Dios. (Marcos 10:14) Tomemos el termino niño no como un menor de edad sino a las
personas actuando como si fueran niños, con un corazón inocente, libres de
perjuicios y de temores, libres de soberbia y de odio, confiando y dependiendo
siempre de un padre (celestial).Los niños no poseen una personalidad propia sino
la de sus padres, también ellos dependen para todo de sus padres terrenales, asi
debemos actuar nosotros como hijos de Dios sabiendo que tenemos un Padre
Celestial. “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un
niño, no entrará en él”.( Marcos 10:15)
Cumpliendo los mandamientos de Dios que se resumen en dos: Amaras a Dios sobre
todas las cosas y amaras a tu prójimo como a ti mismo, se esta cerca del reino
de Dios. “Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y
sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento
de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el
Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este
es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como
a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le
dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de
él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el
alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que
todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido
sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios”.
(Marcos 12: 28-34)
Dos
cosas encomendó Jesús a los discípulos
“Y los
envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. Y cuando la gente
lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba
a los que necesitaban ser curados. y sanad a los enfermos que en ella haya, y
decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.”
(Lucas 9:2, Lucas 9:11 y Lucas 10:9)
No nos
ocupemos de cosas materiales que no tienen importancia y que han pasado
Lucas
9:60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y
anuncia el reino de Dios. Lucas 9:62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su
mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
A que
es semejante el reino de Dios?
“Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada
en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He
aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo;
córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le
dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la
abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después”.
(Lucas 13:6-9). Explicando esta parábola, podemos entender que en el reino de
Dios estamos para producir frutos tal como lo vemos en Juan 15 con la Vid
verdadera. El que no da frutos es cortado y echado al fuego. Este es el
Evangelio de Dios, la palabra es la semilla que debemos sembrar y los frutos son
los hijos que vamos a engendrar. Hijos de Dios para la iglesia del Señor.
No perdamos la oportunidad de entrar, después será ya tarde
Nuestra misión es para cumplirla aquí y ahora, no hay tiempo para perder, comencemos a actuar, primero salgamos del pecado, santifiquémonos en Cristo, entremos al reino de Dios, el reino de Dios esta aquí ahora y en este lugar. No perdamos la oportunidad de entrar a su reino, ser hijos de Dios y miembros del cuerpo de Cristo por que de lo contrario “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos”. (Lucas 13:28)
Nuestra comida en el reino de Dios.
Dios había puesto frente a Adán el árbol de la vida para que comiese de el y viviera eternamente, nosotros ahora que estamos en el reino de Dios comemos el pan del cielo, el pan verdadero, a Cristo Jesús. La iglesia (nosotros) comemos a Cristo y “Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.” (Lucas 14:15)
La sombra en el Judaísmo
Todo lo
que hemos visto y oído en el pasado terminó con la prédica y el bautismo de
Juan, todo lo demás es cosa nueva. La prédica actual de los maestros y
evangelizadores es en el reino de Dios. “La ley y los profetas eran hasta Juan;
desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en
él”. (Lucas 16:16) Todo mundo esta escuchando el evangelio y día a día vemos
cientos de miles de personas llegando a la iglesia para ser convertidos en
miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia como el reino de Dios.
¿Cuando
vendrá el Reino de Dios?
Muchos
predicadores y escritores de temas bíblicos han insistido en que el Reino de
Dios vendrá cuando Jesús venga por segunda vez y en esa forma le han quitado el
gozo de la gente y no los han dejado entrar y disfrutar del reino de Dios. Jesús
al ser interrogado con ese tema les dijo lo siguiente: “Preguntado por los
fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino
de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he
aquí el reino de Dios está entre vosotros”. (Lucas 17:20) La iglesia es el reino
de Dios y ya estamos en la iglesia congregados como asamblea, todos los hijos de
Dios, los convertidos, los que creemos en Jesucristo, todos constituimos el
reino de Dios en donde Jesús es el Señor y Dios el Padre es el Dios vivo.
Conociendo sus misterios
No os
preocupéis por vuestras pertenencias, luego las tendrás y mejores “Entonces
Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos
seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado
casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya
de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
(Lucas 18:28-29). Estando en la iglesia, nosotros tenemos la fe y la esperanza
de que Dios nuestro Padre nos cuida, nos alimenta, nos protege y nos suple de
todo lo que necesitemos. Nada nos hará falta si confiamos en Dios.
¿Como
nos damos cuenta que esta cerca?
Cuando
la palabra de Dios es sembrada en tu corazón y comienza a dar frutos, es que el
reino de Dios se ha acercado. “También
les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan,
viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también
vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de
Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto
acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
(Lucas 21:29-33)
Es necesario nacer de nuevo
No es en
nuestra vida carnal que veremos el reino de Dios sino en nuestra vida
espiritual, se hace necesario que volvamos a nacer pero esta vez como hijos de
Dios.”Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Este nuevo nacimiento es por
medio de hacer morir nuestra vida en la carne por medio del bautismo (agua y
Espíritu) Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:3-5)
Predicando el Reino de Dios
Al igual que Felipe nosotros estamos llamados a predicar el Evangelio del Reino
de Dios y entonces veremos a la gente bautizándose. “Pero cuando creyeron a
Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo,
se bautizaban hombres y mujeres”. (Hechos 8:12)
En
nuestras reuniones con gentiles debemos hablarles del reino de Dios “Y entrando
Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y
persuadiendo acerca del reino de Dios”. (Hechos 19:8)
Debemos estar preparados con ánimo sabiendo que vamos a pasar por muchas
tribulaciones y persuadiéndoles acerca del reino.
Hechos 14:22 “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que
permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas
tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Hechos 28:23 “Y habiéndole señalado
un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les
testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles
acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas”. Hechos 28:31
“predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo,
abiertamente y sin impedimento”.
El Reino de Dios no es cosa de fiestas, sino gozo, paz y sobre todo Poder
Romanos
14:17 “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo
en el Espíritu Santo”. 1 Corintios 4:20 “Porque el reino de Dios no consiste en
palabras, sino en poder”.
Advertencia
No estéis tan confiados, las cosas de Dios son santas, por lo tanto hay ciertas
condiciones que debemos observar.
1 Corintios 6:8 “Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los
hermanos.9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis;
ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni
los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los
borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.
Siempre hay una oportunidad en Cristo, veamos este otro aviso: 1 Corintios 6:11
“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,
ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de
nuestro Dios.”
Nuestra naturaleza pecaminosa, nuestra carne, no pueden heredar el reino de Dios, por eso dijimos que desde el atrio tenemos un camino que es el sacrificio de nuestra carne pecadora que nos conduce a la santificación en Cristo Jesús.
1
Corintios 15:50 “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden
heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”. El libro de
Gálatas nos amplia este aviso: Manifiestas son las obras de la carne: Galatas
5:19 “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras,
orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os
lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de
Dios”.
El carácter del cristiano es producido por el espíritu y no por obras del
creyente
Galatas 5: 22 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.
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