Permita que la
Biblia sea su eterno consejero.

Los nuevos creyentes necesitan ayuda en los
primeros posos de su nueva vida.
La vida Cristiana es
poniendo en práctica la
palabra de Dios por medio del
presencia y poder del Espíritu Santo.
Es un nuevo comienzo. Esta decisión es de las más
importantes de su vida. Pero es un niño
espiritual. Es muy importante que el crecimiento en la vida cristiana sea un
proceso continuo hacia la madurez durante toda su vida terrenal. Ese crecimiento
cuesta tiempo y continúa a través de toda la vida.
El nuevo creyente es en Cristo. Ya ha nacido de
nuevo. El Espíritu Santo vive en él y le ha hecho parte del cuerpo de Cristo ya.
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Ahora le toca crecer
hasta que llegue a la presencia de Cristo.
El Propósito De Dios Para Crecimiento Del Creyente
El Apóstol Pablo escribió el gran propósito de Dios
para cada creyente. “Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas
les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. A
los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conforme a
la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a
los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también
justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó” (Romanos 8:28-30).
Dios no quiere que seamos inmaduros durante toda la
vida cristiana.
Apóstol Pablo presenta una descripción de la
madurez en Efesios 4:13 cuando él dice, “hasta que todos lleguemos a la unidad
de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de
la estatura de la plenitud de Cristo.”
“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que
Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).
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Una persona inmadura espiritualmente es como un
niño en v. 14. “Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de
todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con
astucia las artimañas del error.” Nuestra “esperanza de gloria” es “Cristo en vosotros” (Colosenses 1:27).
Tenemos esa nueva relación con Dios por medio de Cristo. Los próximos versos
enseñan el propósito de Dios. “Nosotros anunciamos a Cristo, amonestando a todo
hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto
en Cristo Jesús a todo hombre. Para esto también trabajo, luchando según la
fuerza de él, la cual actúa poderosamente en mí” (vv. 28-29). Dios nos ha
dado los medios para poder crecer constantemente.
Este crecimiento no es sólo para nuestro propio
beneficio, pero es para toda la iglesia (v. 12). Apóstol Pablo dice, “a fin de
perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del
cuerpo de Cristo.”
Cada nuevo creyente necesita la comunión y apoyo mutuo que
podemos recibir en la iglesia local.
Cada creyente debe unirse a una iglesia local lo
más pronto posible después de haber
confiado en Cristo. El bautismo en agua es un requisito para ser miembro.
La iglesia local es indispensable para el
crecimiento del creyente. Cada creyente debe ser parte de una iglesia local
donde puede adorar a Dios, ser edificado en su vida espiritual, gozar la
comunión con otros hermanos en Cristo, y servir a Dios (Hebreos 10:24-25; Hechos
2:42-47; Efesios 4:13). El bautismo en
agua es un requisito para ser miembro.
Bautismo es uno de dos ordenanzas de la iglesia local. La otra es Santa
Cena. ¿Por qué debo ser bautizado? Jesús se acercó y les habló diciendo: “Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos
a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y
yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20).
Hechos 8:26-40 es un buen ejemplo de bautismo del
nuevo creyente en el Nuevo Testamento. Es un paso de obediencia en la vida del
creyente. Cada creyente debe hacer el bautismo. El bautismo es para todo aquel
que ha confiado en Cristo como su salvador. No es algo que se puede escoger o
rechazar a su gusto.
El bautismo no salva ni es un paso hacia salvación.
La salvación es solo por la fe. El bautismo sigue a la fe, no le antecede.
También, el bautismo no es un medio de gracia para
ser más santo o más espiritual. Es un testimonio público de que hemos confiado
en Cristo.
El bautismo significa nuestra identificación con
Cristo (Romanos 6:1-6). La Santa Cena
también es un acto de obediencia.
Cada creyente debe examinarse y entonces participar
en este acto importante en la vida cristiana.
La ordenanza de
La Santa Cena es para recordarnos este sacrificio
único de Jesús para los pecadores (Romanos 5: 6, 8). El pan representa el cuerpo
de Cristo que fue quebrantado en la cruz. El vino representa la sangre de Cristo
que fue derramada por nosotros. Son símbolos
que representan el sacrificio único de Cristo.
No es un medio de gracias para que seamos más
santos o más espirituales. No ayuda a nosotros a ganar vida eterna. Nuestra
salvación es solo por fe en Cristo Jesús.
También
nuestro crecimiento ayuda a otros
creyentes hacia la madurez espiritual.
Las Problemas En El Crecimiento Del Creyente
Los Pecados son unos obstáculos en el crecimiento de los
creyentes
En el mismo capítulo el Apóstol Pablo menciona
algunos pecados que pueden servir de obstáculo
a nuestro crecimiento espiritual. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol
sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que robaba, no robe más, sino
trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir
con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los
oyentes. Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis
sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo,
ira, gritería, maledicencia y toda malicia. Antes sed bondadosos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a
vosotros en Cristo” (Efesios 4:26-32).
La solución de Dios para nuestro crecimiento espiritual es mencionada en 1
Juan 1:6-10. “Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas,
mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en luz, como él está en
luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos
limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a
nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados,
él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso y su palabra no está
en nosotros.” Si guardamos un pecado en nuestra corazón que no queremos confesar a Dios,
se afecta nuestro comunión con Dios. “Si en mi corazón hubiera yo mirado a la
maldad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18). Nuestro desarrollo espiritual demanda confesar los pecados cuando ocurran y
aprovechar así el perdón.
La negligencia pone obstáculos al
crecimiento de los creyentes
“Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por
doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar
emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:14). “Si, pues, habéis
resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a
la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la
tierra” (Colosenses 3:1-2). La nueva vida
en Cristo
Cristo es
vuestra vida (Colosenses 3:4). Apóstol Pablo da una lista de cosas que necesita
cambiar en la vida el creyente (Efesios 4:17-25; 2 Corintios 5:17). “Renovaos en
el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en
la justicia y santidad de la verdad” (vv. 23-24; Cf. Romanos 12:1-2). Cada creyente
necesita del control divino sobre su vida.
Es imposible vivir la vida cristiana sin esa ayuda de Dios. Entonces ¿Cómo debo
vivir esta vida nueva en Cristo?
El Poder Para El
Crecimiento Del Creyente
El creyente tiene dos personas divinas que le
ayudarán Tenemos
a Cristo y
al Espíritu Santo. No se pueden
separar las dos personas divinas. El señorío de
Cristo
Es imposible
crecer en la vida espiritual sin el
señorío de Cristo en
nuestra vida. ¿Quién es mi dueño? La Biblia dice, “sino que, siguiendo la verdad en amor,
crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15).
Jesucristo es el Señor de mi vida. Él es nuestro
Señor; El gobierna nuestra vida (Juan 13:13-15; Filipenses 2:10-11). Yo no tengo
el derecho de controlar mi propia vida (Colosenses 1:16; 2 Corintios 5:15).
Rindo el control de mi vida a Cristo. Solo Cristo debe ocupar nuestras vidas.
Cuando El controla todo lo que soy y todo lo que tengo mi vida va a crecer
espiritualmente. |
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El Apóstol Pablo resume
lo más esencial de la vida cristiana con las palabras “ya no vivo yo, mas
vive Cristo en mí.” “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,
mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del
Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
Desde el momento que creemos en Cristo como nuestro
salvador y Señor el Espíritu Santo mora en nuestra vida (Romanos 8:9, 11; 1
Corintios 3:16; 6:19; 2 Corintios 6:16). “Guarda el buen depósito por el
Espíritu Santo que mora en nosotros” (2 Timoteo 1:14).
Es nuestro responsabilidad que “no contristéis al
Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:30).
“No apaguéis al Espíritu” (1 Tesalónicas 5:19). “Andad en el Espíritu, y
no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16; Cf. Romanos 8:4). “Si
vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).
El creyente no va a practicar el pecado. Él es
quien nos da la capacidad de evitar el pecado y revelar su propia santidad a
otros.
El verdadero creyente en Cristo es seguramente:
·
Siempre un hijo de
Dios
·
La salvación que tiene en Cristo es eterna
·
El Espíritu Santo lo bautizó, lo selló y vive en él
·
Cuando recibimos a Cristo recibimos una nueva naturaleza
divina.
El cristiano puede vencer las tentaciones de sus
enemigos espirituales por la presencia del Espíritu Santo que mora en el
creyente.
Todos los creyentes hemos confiado en Cristo hemos sido hechos miembros del
cuerpo de Cristo, que es su iglesia. Este
hecho se llama el bautismo del Espíritu. “Así como el cuerpo es uno, y
tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un
solo cuerpo, así también Cristo, porque por un solo Espíritu fuimos todos
bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres;
y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Este
hecho se llama el bautismo del Espíritu.
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de
vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu
Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de
la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14).
Quien haya recibido el sello del Espíritu Santo puede estar seguro de que
Dios terminará la obra empezada en él y que lo van a tener para si.
El Espíritu
Santo vive en cada creyente desde el momento de confiar en Cristo.
“Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el
Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
no es de él” (Romanos 8:9).
Dios no quiere que
ninguno de sus hijos peque, pero somos tentados y tenemos enemigos espirituales.
El desea que vivamos una vida sin pecado.
Sin embargo,
siempre tenemos nuestra naturaleza pecaminosa (Gálatas 5:17).
Salvo, gracias a
Dios. Estamos en un mundo pecaminoso y tenemos un fuerte enemigo que invita a
pecar.
El hecho de ser
tentados no es un pecado en sí. El pecado es ceder a la tentación.
¿Qué debemos hacer
para ser perdonados? Dios ha hecho una provisión para nosotros cuando hemos
pecado. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
“Pero si andamos
en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de
Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (v. 7). La sangre de Cristo es
suficiente para limpiarnos de todo pecado en el pasado, presente y en el futuro.
La promesa de Dios
es que El nos perdona
y nos limpia de inmediato de todos
nuestros pecados cuando se los confesamos a El.
Esta confesión se
hace por medio de la oración directa a Dios mismo en el momento de darnos cuenta
de haber pecado.
·
Cuando confesamos nuestros pecados Dios nos limpia de la
maldad y restaura la comunión con El.
·
Cuando no confesamos nuestro pecado, no podemos gozar de
la comunión con Dios.
·
El pecado no puede hacernos perder la salvación.
·
Cuando persistimos en nuestro pecado Dos nos disciplina.
Cuando un cristiano ha pecado, siempre puede estar
seguro de ser salvo. Dios ha provisto perdón por los pecados del pasado,
presente y futuro a través de la sangre de Cristo. “Pero si andamos en luz, como
él es luz, tenemos comunión unos con
otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Juan
1:7).
“No os ha
sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os
dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla” (1 Corintios
10:13).
Tenemos recursos para tener victoria en los
conflictos espirituales.
La clave para no
caer en pecado es la palabra de Dios. “En mi corazón he guardado tus dichos,
para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).
Regocijaos en el Señor siempre y orad. “Estad
siempre gozosos. Orad sin cesar” (1 Tesalónicas 5:16-17).
El Espíritu Santo quien mora en nosotros, nos ayuda
a vencer. “Hijitos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es
el que está en vosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).
Hay algunos hábitos que el creyente debe aprovechar en su vida espiritual.
Por muchos años yo he
entregado mi vida diaria a Cristo. Yo empiezo mi día con una oración que guía mi
día. “Señor hoy entrego a ti mi vida Toma mi corazón, lo que siento y mis
actitudes. Lléname con tu Espíritu Santo. Quiero hacer tu voluntad hoy. Toma mi
cuerpo, que es tu templo. Quiero
obedecerte. Toma mi mente y lo que pienso sus pensamientos. Aquí están
mis ojos y lo que veo hoy. Toma mis oídos
y lo que oigo. Quiero escuchar tu voz. Toma mis labios y lo que hablo. Ayúdame
al hablar
todo el día. Aquí están mis
manos y lo que tocan. Toma mis pies, que adonde vaya
tu vayas conmigo.
Este día es tuyo; vive tu vida en mí.”
Es imposible el
crecimiento del cristiano sin la
lectura diaria de
“Desead, como
niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella
crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2; cf. 2 Timoteo 3:15-16; 2 Pedro 1:20-21).
“La leche espiritual” es la palabra de Dios, la Biblia.
Ore a Dios antes
de leer, preparando su corazón para recibir lo que él le va a decir por medio de
su Palabra.
“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). “Orad en todo tiempo con toda
oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y
súplica por todos los santos y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada
palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual
soy embajador en cadenas, y con denuedo hable de él como debo hablar” (Efesios
6:18-20).
No solo hablar con Dios, pero escuchar su voz.
Jesús dice, “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan
10:27).
Jesucristo dice, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en
mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer”
(Juan 15:5). El Apóstol Juan escribió, “lo que hemos visto y oído, eso os
anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra
comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os
escribimos para que vuestro gozo sea completo” (1 Juan 1:3-4; cf. Juan 17:3,
21).
La Biblia dice,
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras,
no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino
exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos
10:24-25; cf. Hechos 2:42).
La iglesia me
necesita y yo la necesito.
Este es el mandamiento de nuestro Señor. “Recibiréis poder cuando haya
venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en
toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8; cf. Mateo
28:18-20). Es la responsabilidad de todos los creyentes.
La
vida Cristiana
La vida Cristiana es poniendo en práctica la palabra de Dios por medio
del presencia y poder del Espíritu Santo.
(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds.
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