La
necesidad para el sacrificio
Cada sacrificio era el de una
vida que estaba parada en el lugar de otra. El sacerdote hacia la
"expiación" para la gente que ofrecía el sacrificio. El significado de la
palabra "expiación" era el de "cubrir, cubrirlo ante Dios." Quitaba el poder
del pecado que había entre Dios y el hombre. No significa hacer un pecado
que no ha ocurrido, ni tratarlo como que no exista. Eso sería imposible,
debido a la realidad del pecado. El hecho es que "por cuanto todos pecaron y
están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). El objeto expiado es
el alma del pecador. La sangre cubría el alma del pecador ante la santidad
de Dios. El poder de hacer la expiación estaba en la sangre del sacrificio.
Cada uno de estos sacrificios en el viejo testamento anticipó la expiación o
el sacrificio sustitutivo de Cristo
El pecador no podía acercarse a
Dios excepto si hubiera sido limpiado por la sangre. Por la santidad de
Dios, podemos decir: "Y según la Ley, casi todo es purificado con sangre; y
sin derramamiento de sangre no hay remisión" (Hebreos 9:22). El pecado es
una seria muerte espiritual. Vivimos en una época cuando la gente piensa que
el pecado es casi como si tuviera una gripe. No es así ante los ojos de
Dios. "La paga del pecado es la muerte" (Romanos 6:23). "El alma que pecare
ciertamente morirá" (Ezequiel 18:4). El pecado es
un asunto serio.
El fuego que estaba quemando
constantemente en el Altar de Bronce, también consumía constantemente el
sacrificio. Esto era un recuerdo sangriento del pecado. El humo continuo de
los sacrificios era un constante recuerdo de lo
mal que nuestros pecados son ante los ojos de Dios. Es feo y desagradable,
porque nuestros pecados son feos delante de sus ojos. "El que no escatimó ni
a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará
también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32)
Esto nos demuestra cuán repulsivo es el pecado ante los ojos de Dios.
Jesús en el altar
Jesucristo es el Altar de
Bronce, la ofrenda por el pecado y el Sumo Sacerdote, todo al mismo tiempo.
La Cruz era el altar del Cordero de Dios que vino a quitar los pecados del
mundo.
Jesús es nuestro todo suficiente
salvador. Él se dio en el altar del sacrificio por usted y por mí. Él no se
llevó nada consigo. El fuego de la ira santa de Dios
quemo a Cristo como nuestro substituto por el pecado. La ira divina
estaba dirigida contra él. Él recibía el juicio del pecado, no por sus
propios pecados, sino por los nuestros.
Cristo se hizo nuestro sustituto
en pecado y murió en nuestro lugar. "Al que no conoció pecado, por nosotros
lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él" (2
Corintios 5:21).
Cuando Jesús murió en la cruz,
todos nuestros pecados le fueron imputados a Él. Todos nuestros pecados le
fueron cargados a su cuenta. Cristo nunca peco. El justamente lo que hacía
el devoto judío cuando colocaba sus manos en la cabeza del animal y
confesaba sus pecados. Dios trato a Cristo como si él hubiese cometido todos
esos pecados. El no murió por sus propios pecados. El murió por mis pecados.
Jesús murió en la cruz como mi representante. "La paga del pecado es la
muerte." El sufrió mi muerte. Jesús pago por todos mis pecados y los suyos.
Debido a que nosotros hemos depositado nuestra fe en Cristo, Dios no ve más
nuestros pecados y los ha olvidado. A cambio Dios ha puesto en nuestra
cuenta la justicia de Cristo.
Esto nos recuerda Isaías 53:4-5,
10, 12
"Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades y sufrió nuestros
dolores, ¡pero nosotros lo
tuvimos por azotado, como herido
y afligido por Dios!
"Más él fue herido por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados.
Por darnos la paz, cayó sobre él el
castigo, y por sus llagas fuimos
nosotros curados.
"Jehová quiso quebrantarlo,
sujetándolo a padecimiento.
Cuando haya puesto su vida en
expiación por el pecado, verá
descendencia, vivirá por largos días y
la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
"Por tanto, yo le daré parte con
los grandes, y con los poderosos repartirá el botín;
por cuanto derramó su vida hasta la
muerte, y fue contado con los
pecadores, habiendo él llevado
el pecado de muchos y orado por
los transgresores."
El pecador culpable había
perdido su vida pecando. Él tendría que morir para pagar su deuda del pecado
o para encontrar un substituto aceptable. El inocente debía morir por la
parte culpable. Cristo fue a la cruz y enfrento el fuego intenso del juicio
de Dios contra el pecado. El pecado fue juzgado y las deudas del pecado
fueron pagados por completo
El
autor de Hebreos pregunta: "¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual
mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios,
limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios
vivo?" (Hebreos 9:14)
Si los Israelitas rechazaron el
sacrificio en el altar de bronce él del se canceló a si mismo de la
misericordia y gracia de Dios y sufrió su propia muerte por el pecado. El
que rechaza a Jesucristo como el sacrificio perfecto por sus pecados se
corta por siempre de Dios y sufre el castigo eterno para sus propios
pecados. Sin embargo, cada pecador que invoca el nombre del señor será
salvado.
"Él
mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que
nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su
herida habéis sido sanados!" (1 Pedro 2:24)
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