Permita que la
Biblia sea su eterno consejero.
Éxodo 3:14
El
Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob se revelo así Mismo a
Moisés en una llama de fuego en la zarza ardiente.
El
Señor Dios (Jehová) hablo a Moisés y dijo: "Bien he
visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa
de sus opresores, pues he conocido sus angustias. Por eso he descendido para
librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra
buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo,
del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.
. . . que Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques de
Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel" (Éxodo 3:7-8, 10).
La
reacción de Moisés fue: "Señor, intenté una vez y fallé. Envía a otro." Moisés
era tímido, vacilante, temeroso, incrédulo, y rebelde pero Dios lo utilizó.
En respuesta a sus acusaciones Jesús les dijo, "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58). Ellos sabían exactamente lo que Él decía. No había ninguna pregunta en sus mentes, porque tomaron piedras para matarle (v. 59). Jesucristo se nombra "YO SOY." Ellos entendían que el demandaba identidad con el Dios que habló a Moisés en la zarza ardiente.
Al
asumir el nombre "YO SOY." Jesús estaba asumiendo los atributos y la autoridad
del SEÑOR Dios de Israel. Jesús asumió el nombre de Yahvé, o Jehová. Jesucristo
es Yahvé y Yahvé es Jesús. Jesús
estaba asumiendo la palabra más santa para la deidad absoluta en la lengua
Hebrea. Él es una persona en la Trinidad. En otra ocasión Jesús dijo, "Yo y el
padre uno somos." La respuesta: "los Judíos tomaron piedras otra vez para
apedrearlo" (Juan 10:30-31).
Jesús
utiliza la fórmula "YO SOY" para comunicar las cualidades esenciales del SEÑOR
Dios. En cada refrán Jesús colocaba el "yo soy" en una posición enfática. Es
Dios quien habla cuando Jesús dice:
· Yo
soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree,
no tendrá sed jamás (Juan 6:35).
· Yo soy la luz
del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la
vida (Juan 8:12 ).
· Yo soy la
puerta: el que por mí entre será salvo; entrará y saldrá, y hallará pastos
(Juan10:9).
· Yo soy el
buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas (Juan 10:11).
· Yo soy la
resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo
aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan
11:25-26).
· Yo soy el
camino, la verdad, y la vida: nadie
viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6).
· Yo soy la vid
verdadera, y mi Padre es el labrador (Juan 15:1).
El
Dios personal que corta el convenio en el Antiguo Testamento es la misma persona
que Jesús, el Mesías en el Nuevo Testamento. Nuestro Salvador es la última
palabra de Dios al hombre. Cuando usted rechaza a Jesucristo usted rechaza al
Dios único y verdadero Salvador.
Esta
es la razón por la cual Él puede decir a la mujer sorprendida en adulterio y a
cada persona atrapada en pecado, "¿nadie te condena?" Ella dijo, "nadie, señor."
Y Jesús dijo, "ni unos ni otros te condenaron, yo tampoco te condeno, sigue tu
camino y no peques más." Él está listo para perdonarte
a ti y a mí ahora mismo. "Ahora pues, ninguna condenación hay para los
que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme
al espíritu" (Rom. 8:1)
"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del
cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12).
C. S. Lewis hizo esta observación: "O
Jesucristo era lo que decía o Él era un mentiroso, y lo debemos repudiar.
O, Él no era lo que pretendía ser, y no un mentiroso, él era un loco y debemos
tratarlo como tal. O bien era lo que decía ser y debemos adorarlo."
Ésas
eran las únicas opciones que Él nos dio. La última pregunta siempre será: "¿Que
hará usted con Jesús?" El Apóstol Pablo escribió esta magnífica invitación a
nosotros: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el
Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás
salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa
para salvación"
(Romanos 10:9, 10).
Lo que usted escoja hacer con Jesucristo determina su destino eterno. Él
es quien clamo ser. Él te amó tanto que Él
escogió venir morir en tu lugar, para pagar tu deuda de pecado para la justicia
de Dios. "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para
que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Juan
3:16).
(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds. Traducción por David Zeledon.
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