Permita que la
Biblia sea su eterno consejero.
Génesis 37-50José era el hijo
primogénito de Raquel, esposa favorita de Jacob. Jacob amó a Raquel, pero se
casó con Lea a través del engaño de su padre (Génesis 29).
Ya había una
casa llena de hermanos cuando José nació, los hijos de Jacob y Lea. El
antagonismo de ser el hijo favorito se convirtió en odio cuando era un
adolescente. ¡Un día José sugirió la idea de que en un sueño vio a sus hermanos
junto con su padre y su madre inclinándose ante él! Cuando tenía diecisiete
años, Jacob envió a José a los campos para vigilar a sus hermanos. Le vieron
venir y planearon matarlo. Su hermano mayor Rubén intercedió, y lo arrojaron
en un pozo con la idea de rescatarlo después. Durante su ausencia los
otros hermanos vieron venir una caravana de ismaelitas que pasaban, y vendieron
a José como esclavos de ellos. Mataron a una cabra, mancharon la túnica de José
de sangre y le dijeron a su padre que habían encontrado la túnica empapada de
sangre. Le hicieron que creyera que un animal salvaje había matado a su hijo
predilecto.
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Los rabinos
antiguos vieron en José un prototipo del Mesías que estaba por venir.
Distinguieron la diferencia entre el actual Mesías, el rey y soberano, y el
sufriente Mesías. El futuro soberano rey, le llamaron Mesías ben David
(Mesías hijo de David), y al sufriente Mesías,
le llamaron Mesías ben José.
Muchos estudiosos han
sacado las comparaciones entre la vida de José y Jesús el Mesías. Sin entrar
en fantasías y frialdad, examinemos algunos aspectos destacados y las
comparaciones de estos dos excepcionales hombres. José y
Jesús eran amados por sus padres.
Génesis 37:3
dice: "Israel amaba a José más que a todos sus hijos." El amor de Jacob por
José es demostrado en su abrumador dolor por la "muerte" de su hijo. En tres
ocasiones en la vida de Jesús hubo ese claro testimonio del amor del Padre
Celestial por Su Hijo. El Padre declara que Jesús es su Hijo. "Este es mi
Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mateo 3:17). Jesús testifica de
ese amor diciendo, "El Padre ama al Hijo y todas las cosas he entregado en
su mano" (Juan 3:35). En Juan 5:20 Jesús dijo: "Porque el Padre ama al Hijo
y le muestra todo las cosas que él hace; y mayores obras que estas le
mostrará, de modo que vosotros os maravilléis." José y
Jesús eran odiados por sus hermanos.
En cuanto a
José Moisés escribió: "Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a
todos ellos, lo aborrecían y no podían hablarle pacíficamente" (Génesis
37:4). Este odio provocó su malvado plan para matarlo. Jesús vino a
los suyos, y los suyos le rechazaron. Jesús observó el siguiente
comportamiento hacia él, por los miembros de su propia nación. Él dijo: "El
que me odia a mí, también a mi Padre odia.
Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no
tendrían pecado; pero ahora han visto, y me han odiado a mí y a mi Padre.
Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su
Ley: "Sin causa me odian" (Juan 15:23-25). En otra ocasión, mientras Jesús
estaba enseñando, alguien dijo: "Mira, tus hermanos y hermanas y tu madre
han llegado a verte." Jesús respondió con un gesto diciéndoles que su madre,
hermanos y hermanas verdaderos eran aquellos que lo escuchaban y creían en
sus palabras. Sus propios hermanos en la carne no creían en él hasta que Él
fue resucitado de entre los muertos. José y
Jesús ambos fueron conspirados por sus enemigos para condenarlos a muerte.
Los hermanos
de José lo vieron acercarse a la distancia y "antes de que llegara cerca de
ellos, ellos conspiraron contra él para matarle" (Génesis 37:18). Mientras lee
el evangelio, no necesita leer mucho y se encuentra con los enemigos de
Jesús, queriéndole entregar a muerte. Después de ver a Jesús sanar en el día
de reposo a sus enemigos, "Salieron entonces los fariseos y se confabularon
con los herodianos para destruirlo" (Marcos 3:6). Aunque José
no fue sometido a muerte, su padre lo tenía por muerto. Él fue dado por
muerto basado en las noticias de sus hermanos y túnica manchada de sangre.
Ellos le dijeron a su padre, "Hemos encontrado esto, por favor examínalo
para ver si es la túnica de tu hijo o no."
Jacob lo examinó y dijo: "Es la túnica de mi hijo." Jacob rasgó sus
vestiduras, puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos
días. Su padre daba por hecho de que José estaba muerto. |
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Jesús, por el
contrario, en realidad murió y fue sepultado. La historia prueba este hecho. El
historiador escribió: "Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus
vestidos entre sí, echando suertes... En ese momento dos ladrones fueron
crucificados con Él, uno a la derecha y otro a la izquierda" (Mateo 27:35, 37).
Los soldados romanos certificaron a Pilato que Jesús estaba realmente muerto
antes de que se soltara el cuerpo para la sepultura apropiada (Marcos 15:44-45).
Los soldados romanos vigilaban la entrada a la tumba. Ningún hombre, vivo o
muerto, podría haber entrado o salido de esa tumba sin su consentimiento.
Se pensó por 21
años que José estaba muerto, y cuando los hermanos de José fueron a Egipto en
busca de comida, él estaba esperándolos. Sin embargo, no estaba esperando
vengarse, sino de proveerles de alimentos y sacarlos de su hambre. Él fue
su salvador después de 21 años de haber pensado que estaba muerto.
Los hermanos de
Jesús y miembros de la familia de Israel lo reconocieron, después de su
resurrección de entre los muertos. "Ellos lo vieron y le adoraron." Dos de sus
discípulos le reconocieron en el camino a Emaús (Lucas 24:31-39). Tomás declaró
enfáticamente que él no creería en la resurrección de Jesús hasta que viera con
sus propios ojos, y le pusiera las manos en los clavos y la mano en su costado.
Ese mismo Tomás estuvo en la presencia física de Jesús y exclamó: "¡Señor mío y
Dios mío!" (Juan 20:24-31).
Otra agnóstica
dio su testimonio después de ver a Jesús. “Porque primeramente os he ensenado lo
que así mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las
Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las
Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más
de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya
duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último
de todos, como un abortivo, me apareció a mi" (1 Corintios 15:3-8). La
implicación es, si usted no me cree, pregunte a estos testigos. La mayoría de
ellos todavía estaban vivos en el momento en que Pablo escribió su carta a los
Corintios.
Muchas más
comparaciones se pueden hacer, pero espero que estas le abran el apetito
espiritual. Con el apóstol Pedro podemos proclamar: "No hay salvación en ningún
otro, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos
ser salvos" (Hechos 4:12).
El apóstol Pablo
nos dice por qué la víctima inocente tenía que morir. "Él [Dios] hizo él [Jesús]
que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21). Nos recuerda del sufrimiento
predicado por el profeta hebreo Isaías cuando escribió: "Ciertamente llevó él
nuestras enfermedades y sufrió
nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado,
como herido y afligido por Dios! Más él fue herido por nuestras
rebeliones, molido por nuestros
pecados. Por darnos la paz, cayó
sobre él el castigo, y por sus
llagas fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino;
mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros" (Isaías 53:4-6).
Jesucristo fue
el inocente sufridor de muerte por los culpables. No era porque había cometido
algún delito o estaba pagando por Sus propios pecados. Él nunca experimentó los
pecados personales. El murió como un sustituto en la cruz para pagar nuestra
deuda de pecado. "Porque la paga del pecado es la muerte. . ." (Romanos 6:23a).
Pero este sufrió y murió para dar vida eterna. Sí, "La paga del pecado es
muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro"
(Romanos 6:23). Dios estaba satisfecho con el sufrimiento de su inocente Hijo.
Él es el cordero que quita el pecado del mundo. Su sufrimiento le permitió
convertirse en nuestro Salvador. Ahora Él nos sustenta con el pan de vida eterna
todos los días.
Es todo por la
gracia. "Nosotros le amamos, porque Él nos amó primero" (1 Juan 4:19). ¿Cuál es
su respuesta a tal enunciado de amor? Cuando Dios vino a nosotros en la persona
de su Hijo, nuestra respuesta fue matarlo. Pero él siguió viniendo. No hay amor
más grande que este. ¡No existe mayor sufrimiento de siervo que el de nuestro
gran Dios y Salvador!
(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds. Traducción por David Zeledon.
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