Permita que la
Biblia sea su eterno consejero.
Levítico
23:9-14; 1 Corintios 15:20 Dios exige las primicias de todo. Él
ha exigido primero las primicias de nuestras vidas.
La fiesta de
las primicias está estrechamente asociada con la Pascua y el Pan sin levadura.
Ellos se llevaron a cabo de forma consecutiva a los catorce, quince y dieciséis
días del primer mes del calendario Judío.
A pesar de que
la Pascua fue establecida la noche en que Israel salió de Egipto, no fue
celebrada hasta cuarenta años después en la Tierra Prometida.
La fiesta de las primicias no fue
observada hasta que la nación entró en la Tierra Prometida. La fiesta de las
primicias era una celebración de la provisión de Dios en la Tierra. Durante
cuarenta años ellos habían comido maná, el alimento del viaje por el desierto.
Ahora era el momento de celebrar la promesa de la cosecha abundante de Dios, en
la tierra de provisión.
"Habló Jehová a Moisés y le dijo: 'Habla a los hijos
de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis
su mies, traeréis al sacerdote una gavilla como primicia de los primeros frutos
de vuestra siega'"
(Levítico 23:9-10). La cebada de grano sería la
primera en madurar en Israel. Después de la
cebada venía la fruta, los olivos, las uvas y finalmente el trigo.
El pueblo
judío, en el momento de la siembra de las semillas, marcarían el límite de
cierta cebada en el campo. Cuando llegaba la
temporada de la cosecha, los hombres cargarían una hoz y una canasta y
cosechaban el grano designado. Los hombres marcharían al Tabernáculo llevando
una gavilla de los primeros frutos de la cosecha al sacerdote. El sacerdote
mecería la gavilla acompañada de ofrendas quemadas y de comida. "El
sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptados. El día
siguiente al sábado la mecerá. Y el día que
ofrezcáis la gavilla, sacrificaréis un cordero de un año, sin defecto, en
holocausto a Jehová"
(vv. 11-12).
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Esta ofrenda de los primeros frutos represento toda la cosecha en el campo.
Los hombres daban gracias por la cosecha, mientras todavía estaba en el
campo. Dios todavía reclama las primicias de todo. Le pertenecen a Él,
incluso antes de que se cosecha.
Jesucristo es el cordero de la Pascua, que derramó su sangre para
redimirnos. El apóstol Pablo vio la resurrección de Cristo como la primicia
del día de la Resurrección Mayor en 1 Corintios 15:20-25.
"Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que
durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también
por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos
mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su
debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su
venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya
suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él
reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies."
Jesús se describe a sí mismo como el grano de trigo que cayó en la tierra y
murió; y que podría brotar y llevar mucho fruto. Jesús dijo a sus
discípulos: "Ha llegado la hora para que el Hijo del hombre sea glorificado.
De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra
no muere, queda solo, pero si muere, lleva mucho fruto" (Juan 12:23-24). La
hora de Su glorificación fue Su crucifixión y Su resurrección.
La fiesta de las primicias era el tercer día después de la Pascua. Cristo
resucitó de entre los muertos como primicia de la resurrección al tercer día
de Su muerte.
Cristo es el primer representante de toda la cosecha de la resurrección que
tendrá lugar cuando Él regrese. El día en que se levantó de entre los
muertos, Jesús dijo a María: "Deja de aferrarse a mí, pues no me han subido
al Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: ¡Suéltame!, porque aún no he
subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: 'Subo a mi Padre y a
vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.' Fue entonces María Magdalena
para dar a los discípulos la noticia de que había visto al Señor, y que él
le había dicho estas cosas" (Juan 20:17-18). ¡Nuestro Gran Sumo Sacerdote
mecía la primicia de la cosecha de resurrección!
Nuestro Señor Jesucristo está en la presencia del Padre en el cielo como el
representante de toda la iglesia que todavía está en el campo esperando la
cosecha. Los primeros frutos son un testimonio vivo de la soberanía de Dios
y le dice a un mundo que observa, "Porque yo vivo, vosotros también
viviréis."
¡La tumba está vacía! ¡Jesús resucitó de entre los muertos! Él está vivo. Él
es el primero en levantarse de entre los muertos a la espera de una cosecha
mayor.
Jesús es la primicia designada por Dios el Padre, hasta el día cuando Él
vendrá otra vez para reunirse
con Sus redimidos. En un gran día de resurrección, Él recogerá la cosecha de
la tumba de todos los que han sido puestos para descansar en la tumba, y
reunirá a todos los que están vivos y que permanecen en una gran cosecha de
todos los redimidos de todas las edades.
El apóstol Pablo declaró este próximo y gran evento con estas palabras en 1
de Tesalonicenses 4:13-18:
"Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para
que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si
creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los
que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que
nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no
precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando,
con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los
muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los
que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes
para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por
tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras."
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Y si
esa gran expectación no fuera suficiente, Pablo nos habla sobre otra “gran
primicia” que ya hemos experimentado. Él escribió a los cristianos de Roma: "Y
no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del
Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la
adopción, la redención de nuestro cuerpo" (Romanos 8:23). Hemos recibido el pago
inicial, la primicia del Espíritu Santo. ¡Pero hay mucho más adelante! ¿Se
imagina usted como será estar en el cielo en la presencia de Dios el Señor por
toda la eternidad? Sólo hemos probado lo que será cuando Él venga por nosotros.
La presencia del Espíritu Santo garantiza la promesa.
Al
apóstol Juan le fue permitido ver lo que está ocurriendo en el cielo, alrededor
del trono de Dios. Él oyó el cántico nuevo, que ellos estaban cantando alrededor
del trono. Él vio al Cordero, y a los que lo siguen dondequiera que Él va.
"Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el
Cordero" (Apocalipsis 14:4). Él camina con una corona de oro sobre Su cabeza y
una hoz aguda en Su mano.
"Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo y las
potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo
del hombre en el cielo, y todas las tribus de la tierra harán lamentación cuando
vean al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, con poder y gran
gloria. Enviará sus ángeles con
gran voz de trompeta y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un
extremo del cielo hasta el otro" (Mateo 24:29-31).
Aun
así, ven, Señor Jesús. Incluso hoy en día.
(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds. Traducción por David Zeledon.
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