Levítico 2:1-16 La Ofrenda del Grano

 

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  La Ofrenda del Grano

La ofrenda del grano (minhah) consistía en harina fina, cocida en horno o espigas verdes (Levítico 2:4, 5, 7, 14). Esta ofrenda también era llamada harina, carne, comida y ofrende de acción de gracias.

La harina fina era mezclada con el aceite y el incienso (v.1). Porque la única diferencia entre la merienda diaria y las ofrendas era la suma del incienso, la ofrenda del grano era el recordatorio constante a la gente de Israel, que Dios les dio su alimento y ellos en agradecimiento ofrecían Sus vidas. Su economía y su sustento dependían de la agricultura. Los Cananeos paganos adoraban a Baal quien era el dios de la fertilidad en la vida y la agricultura. Ellos pensaban que él determinaba la lluvia, la sequía y la fertilidad. Sin embargo, Yahvé recordó a Su pueblo, que Él era soberano sobre todo. Se quemaba en el altar un puño de harina con aceite. Era fragancia agradable para Yahvé. Esta era la manera de adorar y de decir "gracias" por todas las provisiones de la vida. El resto de la ofrenda del grano era dado al sacerdote para su comida. Este era parte de la provisión de Dios para el sacerdote que le servía a Él. Lo que sobraba, también era parte de la comida de solidaridad para el adorador y su familia. La variedad de la ofrenda hizo posible que todos los adoradores, independientemente de su nivel social y económico pudieran traer una ofrenda de agradecimiento a Dios.

Esta ofrenda significaba agradecimiento a Yahvé por su pan diario. Yahvé proveyó para sus cosechas y su ganado, no Baal. Era ofrecido en relación con las ofrendas de sangre, y usualmente seguían después de quemar la ofrenda.

La ofrenda del grano, prefigura la perfecta vida de Cristo que vivió en obediencia al Padre.

Jesús usó la ilustración del grano de trigo cayendo en la tierra y muriendo para poder traer fruto. Jesús dijo, "Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. Ha llegado la hora para que el Hijo del hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere, lleva mucho fruto" (Juan 12:23-24). Jesús vio más allá de Su muerte, Su gloria vendría después. El grano de trigo cae en la tierra y muere, pero vuelve a vivir como un retoño y da mucho fruto.  Jesús estaba siempre recordándoles a Sus discípulos que Él moriría y que resucitaría. No puede haber gloria sin el sacrificio de una ofrenda completa. Jesucristo murió como un sustituto. Cf. 2 Corintios 5:21; Romanos 5:6-8. La muerte y la resurrección de Jesús produjeron olor grato y agradable al Padre. Era el aroma de la obediencia. Jesús dijo a sus discípulos, "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra" (Juan 4:34).

Su vida entera fue aroma para el Padre quien dijo con placer, "Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia." Su vida fue una vida perfecta, vivida en obediencia al Padre. La harina refinada en la ofrenda nos habla de Su vida de perfecta e íntima relación con el Padre. Él nunca experimentó el pecado. Su vida entera fue una dulce fragancia en perfecta armonía con El Espíritu Santo, el aceite mezclado con la vida perfecta.

La vida de Cristo es para todos los que hemos sido salvos una dulce fragancia de vida eterna, sin embargo, para todos los que perecen es el hedor de la muerte y el eterno castigo. No hay nada más dulce, puro y maravilloso que el olor dulce de Cristo en nuestras vidas.

La ofrenda del grano es una figura preciosa del creyente en Cristo que se ha apropiado del holocausto de Cristo por medio de su fe. La persona que ha sido justificada por su fe en Cristo está llena de alabanzas para Él. Nosotros recibimos nuestro alimento, nuestro pan diario de Cristo. Es un privilegio ofrecer de nosotros una porción de lo que Él gratamente nos ha dado.

El Apóstol Pablo recordó a los creyentes de Filipos que su fiel ministerio era una ofrenda para Dios. El miró como un regalo el sacrificio espiritual de cada hermano, poniéndolo ante el altar de la gloria de Dios. Pablo escribió en su carta de agradecimiento por su ayuda misionera, con estas palabras de ánimo, "Pero todo lo he recibido y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén" (Filipenses 4:18-20). ¡Qué privilegio estar involucrado en algo que todavía vale la pena, a pesar de miles de años atrás! En el servicio, nosotros ofrecemos un pequeño regalo por lo mucho que Él ha hecho por nosotros diciéndole "Gracias." Incluso Él provee para que podamos ofrecerle a Él. ¡Eso es la gracia!

¿Nos detenemos a diario y le agradecemos por los trabajos que Él ha provisto para nosotros? ¿Ofrecemos acción de gracias a Dios por Sus provisiones diarias en nuestras vidas? Él es un gran proveedor, no sólo de nuestras necesidades físicas, sino también de nuestras necesidades espirituales.


(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds. Traducción por David Zeledon. 

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