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Nosotros los pecadores somos "y
son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es
en Cristo Jesús, a quien Dios
puso como propiciación por medio de la fe" (Romanos 3:24-25). Toda persona
que cree en Jesucristo es justificada. Él es declarado justo, no hecho
justo. Esto es un acto judicial por medio del cual Dios justifica aquellos
que creen en Cristo como un regalo gratuito. Está basado únicamente en la
muerte de Cristo que Dios nos declara justificados. Dios bien podría no
declarar justo a quien no lo merezca. Dios hace esa declaración solamente
por la expiación de la sangre de Cristo. En el libro de Hebreos 9:5 la
palabra usada para significar propiciación es el Trono de Gracia o el lugar
en el propiciatorio encima del arca del pacto. La pena por nuestro pecado ya
ha sido pagada en su totalidad por la muerte de Jesús. En esa base, Dios
declara que estamos justificados. Por lo tanto, Cristo es nuestra Paz. Él ha
hecho la paz a través de su muerte.
Ahora podemos celebrar con acción de
gracias por sus bendiciones abundantes. "Porque al Padre agradó que en él
habitara toda la plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las
cosas, así las que están en la
tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre
de su cruz" (Colosenses 1:19-20). En esta declaración de la deidad de Cristo
Jesús, Pablo dice que Dios ha reconciliado al pueblo consigo mismo por medio
de Jesucristo. Su sangre satisface la demanda de justicia de la ley que el
hombre pecador ha roto. Por la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, se ha
restablecido la relación antes perdida entre Dios y el hombre pecador. Por
la gracia de Dios y el poder de la reconciliación, nuestra actitud hacia
Dios ha cambiado.
"De modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas
nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por
Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus
pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación" (2
Corintios 5:17-19). Dios quito nuestra enemistad y cambio nuestros
corazones. Dios tomo la iniciativa de reconciliarnos con el mismo. Dios no
necesita estar reconciliado con los hombres. Él no es el problema. Nosotros
los pecadores somos los que tenemos el problema de no poder alcanzar a Dios
sino es por medio de su Hijo Jesús quien nos lleva a sí mismo. Él hizo esto
alejando su propia ira santa hacia pecado y permitiendo que vengamos en su
presencia por medio de la sangre de Jesús.
El Apóstol Pablo inicia su
primera epístola diciéndonos: "lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos,
para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión
verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. . . . Pero si
andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la
sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:3, 7).
A. T. Robertson observo: "El
caminar en la luz con Dios hace posible para el creyente ser uno con el otro
y esto es hecho posible solo por la sangre de Jesús (sangre verdadera y sin
ningún truco, expiación por la sangre del hijo sin pecado de Dios por
nuestros pecados). Juan no está avergonzado de utilizar esta palabra. No es
el "ejemplo mero" de Jesús que eso "nos limpia" de pecado. Limpia la
conciencia y la vida y nada mas (Heb. 9:13; Tito 2:14; 1 Juan 1:7)."
"Justificados, pues, por la fe,
tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos
5:1). No es esto lo que el autor del libro de Hebreos tiene en mente cuando
el concluye su libro con las siguientes palabras. "Así que, ofrezcamos
siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de
labios que confiesan su nombre" (Hebreos 13:15).
La persona que ha sido
justificada por la fe en Jesucristo adapta adelante espontáneamente
alabanzas a Dios. Nos gozamos de seguir y de estar en paz con Dios y nuestro
Señor debido a la paz que se ha establecido con el sacrificio perfecto de
Cristo en nuestro favor. Estas ofrendas de la paz fueron precedidas siempre
quemando diariamente la ofrenda en adoración en el Tabernáculo y en el
Templo. Por lo tanto, era una ofrenda de agradecimiento por la salvación
terminada era un momento de alegría
celebración y acción de gracias a Dios
por las bendiciones de la comunión.
¿Qué mejor manera de cerrar que con una de
las doxologías de Pablo?
Que el mismo Dios de paz os
santifique por completo; y todo vuestro ser espíritu, alma y cuerpo sea
guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
"Fiel es el que os llama, el
cual también lo hará" (1 Tesalonicenses 5:23-24).
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