En la Presencia de Cristo
“Dios
es espíritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espíritu y en
verdad.” (Juan 4:24)
Dios es absolutamente
libre de todos los limites del espacio y tiempo. La naturaleza esencial de Dios
es el Espíritu.
Es con esta verdad en
conocimiento que nosotros veremos a Jesús con el apóstol Juan en Apocalipsis
1:17. “Dios es espíritu.” El no puede ser imaginado, y nosotros no podemos
usar nada para usar nuestra concepción de él. Nada de lo que puede ser hecho,
visto, o tocado puede ayudarnos a adorar a un Dios espiritual e invisible.
El SEÑOR Dios habita
en una luz separada, el muy Dios de todos los Dioses, aun Jesucristo nuestro
Señor y Salvador. Para ver el rostro de nuestro Señor Jesús y gozar de su amor
santo es estar parado en el sol.
Juan miró a Jesús,
“el Sol de Justicia” (Mal 4:2). Y su rostro era como el sol cuando resplandece
en su fuerza” (Apocalipsis 1:16b). “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”
(Apocalipsis 1:17b).
Esto nos recuerda de
la transfiguración de Jesús cuando “su cara resplandeció como el sol, y sus
vestiduras se hicieron blancas como la luz” (Mateo 17:2).
Juan miró en su
visión el resucitado, glorificado y exaltado Hijo de Dios como un Sacerdote – El
Rey reinando en gloria. Jesucristo es nuestro Señor de gloria.
Es de mucho
significado en este contexto que los títulos aplicados al Jesús Resucitado son
descripciones de Dios en el Antiguo Testamento. Al principio de su revelación al
apóstol Juan, Jesús apareció en majestad de gloria. Él es visto “levantado y
exaltado como el Rey de Reyes y Señor de Señores.”
Ningún hombre malo
puede estar ante el Señor y vivir (Hechos 26:13-14). El apóstol Juan dice,
“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y puso sobre mí su mano derecha
diciendo, “No temas; Yo soy el primero y él último” (Apocalipsis 1:17). Jesús en
su gracia bajo, puso sobre Juan su mano derecha y dijo, “el que vive. Estuve
muerto, y he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de
la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Esta es una revelación de la
divinidad autoritaria.
En la escritura todos
aquellos que vieron verdaderamente a Dios estaban llenos de temor (Isa. 6:5;
Daniel 10:8-9, 8:17; Ezequiel 1:28; 3:23; 9:8; 43:3; 9:8, 43:3; 44:4; Judas
13:22; Job 42:5-6). Aquellos que son traídos cara a cara con el Señor
Jesucristo están temerosos porque ellos reconocen sus pecados vergonzosos para
estar en su santa presencia.
OH, que tu y yo
podamos ser tan cambiados habitando tan cerca de Cristo que su santa presencia
nos pueda avergonzar e humillar que nosotros podamos caer y gritar, ¡Impuro!
¡Impuro! “Y tocó con él mi boca, diciendo, He aquí que esto ha tocado tus
labios, tu culpa ha sido quitada y tu pecado perdonado” (Isaías 6:7).
No existe ninguna
gloria mejor que consideremos el rostro de Jesucristo. Su propio semblante es
el centro de la gloria.
Con solo pensar que él
nos amó y murió por nosotros es una mejor gloria de amor y gracia. Su semblante
es puesto hacia mi y tu hoy. Cuando tu mires dicha gloria y esplendor del amor
de Dios en Jesucristo, tu nunca podrás ser el mismo otra vez. La gloria de Dios
en el rostro de Jesucristo será más brillante que miles de soles.
Permite que Jesucristo
brille en tu corazón, y tu amaras mas que los hombres y mujeres aman. Cuando el
Señor nuestra justicia viene, él trae sanidad en sus alas.
Ningún pecado puede
nunca puede estar en su presencia. En su sanidad nosotros somos hechos fuertes
y puros. “Permite que el Señor muestre su presencia y nosotros hemos alcanzado
la altitud de nuestros deseos,” dijo Spurgeon.
¿Qué pasaría si el
Señor Jesús resucitado glorificado fuera a manifestarse así como él
verdaderamente él está en toda su majestad descubierta hoy? Una mañana gloriosa
él lo hará. OH, que esto fuera hoy!
Fue C. H. Spurgeon que
dijo, “El mismo se mantiene en reserva hasta que nosotros estemos preparados
para recibir la felicidad sublime de sus manifestaciones gloriosas. . . OH,
clámale para que él te aparezca. . .OH, por la visión que deba de formar mi
vida, mi pensamiento, todo mi ser hasta que llegue ser tal como mi Señor! OH,
para verle y ser cambiado a su imagen de gloria en gloria!”
“Por tanto, todos
nosotros, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor,
somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu
del Señor” (2 Corintios 3:18).
Selah!
(c) 2003 Mensaje por Wil Pounds. Traducida por
Juanita Morazan.
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