Ha recibido la Primera Bendición?
El Espíritu Santo hace un trabajo
dentro del creyente por el cual El nos santifica. Esta es una experiencia
dentro del Cristiano.
El aposto Pablo escribió a la iglesia
en Corinto, “…mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis
sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo, y por el Espíritu de
nuestro Dios”(1 Cor. 6:11).
El contexto nos dice que todos los
pecados de estos Santos fueron cubiertos por la sangre de Jesús. Dios escogió
al creyente para “salvación a través de la santificación del Espíritu y creencia
en la verdad” (2 Tesl. 2:13; cf 4:7, 1 Ped. 1:2, Rom. 15:16). Pablo tenía en
mente la máxima meta, nuestra salvación final.
Dios nos eligió en la profundidad de
los consejos de la eternidad sobre la base de Su gracia y amor, y no por algún
merito personal de nuestra parte. Todo es de la gracia y el amor. Los medios
que Dios usa para traernos a salvación es el trabajo del Espíritu Santo quien
aparta a los individuos escogidos para vivir vidas santas. El Espíritu Santo
regenera, mora, bautiza al creyente en el cuerpo de Cristo, etc. El individuo
cree en la verdad del evangelio de Cristo Jesús porque el Espíritu Santo ha
hecho Su trabajo en nuestros corazones. Entonces a través de la vida del
creyente el Espíritu Santo aplica la Palabra de Dios para progresivamente
purificar la vida del Cristiano.
La Santificación por el Espíritu Santo
es la primera bendición del trabajo de Dios en el corazón del creyente. Esta
primera bendición conduce al pleno conocimiento de justificación por la fe en el
sacrificio expiatorio de Cristo por nuestros pecados.
Nadie puede ser salvo sin este primer
trabajo del Espíritu Santo en el corazón. La Santificación por el Espíritu en
el corazón lleva al creyente hacia obediencia al sacrificio de Cristo. Nosotros
llegamos al conocimiento de nuestra justificación cuando el Espíritu Santo nos
trae a la fe en la muerte de Cristo por nuestros pecados. Su preciosa sangre
limpia el alma de toda mancha de pecado. La sangre de Jesús es la única que le
hace a usted aceptable ante Dios. El Espíritu Santo le lleva a la fe en Cristo
Jesús.
Hemos sido escogidos por el Padre,
comprador por el Hijo y apartados por el Espíritu Santo.
El apóstol Pablo al inicio del capítulo
de Efesios hace mucho hincapié en lo que Dios ha hecho en gracia por nosotros.
La Trinidad está involucrada en nuestra salvación. Dios el Padre me escogió en
Cristo antes de la fundación del mundo. El Hijo de Dios me salvó cuando El
murió por mí en la cruz. El llamamiento eficaz del Espíritu Santo me salvó un
Domingo por la mañana cuando mi madre y mi pastor compartieron el Evangelio y yo
fui nacido de nuevo. Tomó a las tres Personas de la Divinidad traerme a
salvación. Si nosotros separamos estos ministerios, nosotros o negaremos la
soberana trinidad o la responsabilidad humana; y esto nos conduciría a la
herejía.
Yo frecuentemente escucho a las
personas decir, “Pero yo no me siento justificado.” Nuestra justificación no
tiene nada que ver con nuestros sentimientos. La pregunta crítica es, “Cree
usted que Dios está satisfecho con el trabajo de expiación que Cristo Jesús
cumplió como su sustituto en la cruz?” Si usted cree que Jesús es su sustituto
quien murió por usted en la cruz, entonces Dios ha declarado que usted es
justificado.
No juegue a la doctrina de
santificación contra la doctrina de la justificación como si una es más
importante que la otra. Ambas doctrinas son vitales para nuestra completa
salvación.
La santificación no es la
justificación. La justificación no es algo que el Espíritu Santo hace en su
Corazón. La justificación es la declaración por el Juez celestial absolviéndolo
a usted de su culpabilidad. Dios justifica al creyente pecador, basado en la
expiación de Cristo en su nombre. Dios le absuelve porque usted lo ha tomado a
El cómo Su palabra en relación a la muerte de Cristo Jesús. La justificación
está basada en lo que Cristo hizo por usted en la cruz. Es su posición ante un
Dios justo y santo.
La santificación no es una “segunda
bendición”; es su primera bendición. Es lo que el Espíritu Santo hace al inicio
en su alma y continúa a través de su vida hasta que El lo presente a usted
completo en su cuerpo glorificado sin pecado en la presencia de Dios en la
venida de Cristo Jesús. (1 Tes. 5:23-24; Fil. 1:6). El habrá completado Su
trabajo en usted en ese glorioso día, y no antes. (cf 1 Tes. 5:2; 1 Tes. 1:10;
2:2: 1 Cor. 1:18; 3:13; 2 Cor. 1:14; Rom. 13:12)
Cada persona nacida de nuevo ha
recibido el Espíritu Santo y ha sido apartado para Dios. Debido a su presencia
que mora en nosotros, anhelamos el momento cuando el Espíritu haya alcanzado Su
meta en nuestra vidas y seremos absolutamente y para siempre sin pecado y
santos. Cuando veamos a Cristo Jesús en gloria seremos para siempre totalmente
santificados.
Al caminar en el Espíritu vivimos una
vida santa, y no satisfaremos los deseos de la carne (Gal. 5:16, 17; Efe.
5:18). La única manera de vivir la vida Cristiana es la ocupación con Cristo.
Todo lo que nos pide es entregar nuestras vidas a Él. Al ponernos a su
disposición, El vive en y a través de nosotros.
Usted no necesita una segunda
bendición, usted necesita apropiarse por fe de la primera bendición del Espíritu
Santo. Usted solo necesita caminar en el Espíritu. La vida Cristiana no es un
crecimiento repentino de espiritualidad, adquirida a través de una bendición
especial, pero un constante, sincero y paciente caminar en el Espíritu, en un
ininterrumpido crecimiento en la gracia y conocimiento de Cristo.
Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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