El Cristo Inmutable: El Mismo Ayer
Toda mi vida he escuchado la súplica por un apropiado “nuevo Cristo para una
nueva era.”
La verdad es que Cristo Jesus es la palabra final de Dios para la humanidad en
todos los siglos. El es oportuno para cada época. El es “el mismo ayer, hoy y
por los siglos” (Heb. 13:8)
El mismo Jesus se sienta hoy “a la diestra de la Majestad en las alturas” (Heb.
1:3) El es la misma persona que era cuando estuvo aquí en la tierra
Cuando leemos las palabras, “Cristo Jesus el mismo de ayer” somos llevados a la
época antes de que El se encarnara. Yo puedo señalar una fecha, hora, y lugar
cuando yo nací. Sin embargo, Jesus no comenzó a vivir cuando él nació en la
carne de la virgen Maria en Belén. El sencillamente cambio de vestiduras.
El apóstol Pablo nos dice que Jesus era en forma de Dios, no estimo ser igual a
Dios, se despojó a sí mismo de Sus vestiduras de Gloria que habían sido suyas
desde la eternidad y se vistió con las vestiduras de un siervo en la carne y fue
obediente hasta la muerte. El era Dios-hombre.
El
era totalmente Dios y totalmente hombre.
(Fil. 2:5-8).
El hecho absoluto esencial es que El era el mismo en la eternidad pasada; El no
cambia.
Yo busco un absoluto en una época de cambio; El no cambia, y por lo tanto yo
tengo seguridad.
El vino del padre y El regreso al Padre. El habitó en el pasado eterno en el
seno de Su Padre eterno. El aposto Juan nos dice “en el principio era el
Verbo.” Cuando todo lo demás tenía un comienzo El ya existía y El no tenia
principio. Su comienzo no tenia principio. “En el principio era el Verbo, y el
Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el comienzo con Dios.”
Todas las cosas por El fueron hechas, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue
hecho. En El estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres” (Juan 1:1-4).
“Jesucristo es el mismo ayer…” Su existencia eterna es declarada en estas
palabras, “en el principio era el Verbo.” El no es un capricho vacilante de la
época. “El Verbo era con Dios”, una personalidad inconfundible de la deidad
verdadera y perfecta “el Verbo era Dios.” Su relación personal con el Padre es
inmutable. El “estaba en el principio con Dios,” y por Su resurrección y
ascensión, El todavía está en la presencia del Padre en una relación perfecta.
Por otra parte, Su comprensión de hombre no tiene nunca que cambiar. Nadie me
conoce como el que me hizo. “Todas las cosas por El fueron hechas; y sin El
nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” “En El está la vida”
¿ Dónde acudiría usted por un Cristo apropiado que no se encuentra en el Cristo
histórico? ¿Le gustaría a usted los cultos modernos hechos por sus propios
esfuerzos, acudir a su propia creación, o a alguna “iluminación” de la nueva
era?
Dios en Cristo se ha convertido ya en uno de nosotros para demostrar Su amor por
nosotros, y para mostrarnos como es realmente Dios. Dios vino y se rebeló a Si
mismo a la raza humana pecaminosa y desobediente.
Yo no necesito una “luz” mayor. “Yo únicamente necesito responder al Verdadero
y todo supremo Señor de toda la creación. ¿Porqué debería yo acudir a alguna
“luz” más pequeña? Todas las otras luces espirituales son únicamente sombras
espeluznantes de aquel que se disfraza de “ángel de luz,” el mismo Satanás.
No hay que mirar tan lejos para descubrir lo que el diablo asecha dentro del
corazón del hombre. Dios se ha revelado totalmente a Si mismo (Heb. 1:1-3), y
el hombre en su rebelión obstinada ruega por algo más grande y mejor como un
niño egoísta, mimado, narcisista lloriqueando por algo nuevo.
Dios
ha hablado.
El no ha cambiado y El no cambiará. El es el mismo que fue ayer, y yo encuentro
estabilidad para mi alma y eterna paz con Dios. Porque Él es el mismo en quien
yo tengo seguridad eterna de una relación con El, ni mi propia creación, o la
elección, pero en Su más que suficiente sabiduría y gracia.
Porque Él es el mismo ayer, yo sé que lo que Él ha dicho seguirá siendo cierto
para usted y para mi hoy en día. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El crea no se pierda,
mas tenga vida eterna” (John 3:16).
Esa gran verdad no cambiará, porque nuestro Salvador no cambia. Su palabra y
promesas eternas siguen siendo las mismas por toda la eternidad. “Jesucristo es
el mismo ayer, hoy y para siempre.” Gracias a Dios.
Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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