Pecado en la Vida del Cristiano
La evidencia de que una persona conoce a
Cristo como su Salvador no se encuentra en la perfección libre de pecado. La Biblia lo hace, Por lo tanto exhorta una vida
cambiada como evidencia de que una persona ha recibido vida nueva espiritual de Dios. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).
Allí
esta la tensión constante entre el deseo de la carne y el deseo de estar bajo el control
del Espíritu Santo (Gálatas 5:16-17). Del
momento que nosotros somos salvos por la gracia por medio de la fe nosotros somos una
criatura nueva en Cristo y habitados o atraídos por el Espíritu Santo. Él índole viejo no es destruido cuando nosotros
creemos en Cristo, sino que somos hechos poderosos por el Espíritu Santo para vencer el
pecado y crecer en la semejanza de Cristo (3:26-29; 4:6; 5:22-26; 6:14).
El trabajo de concordia de Cristo en la cruz es enteramente suficiente para
salvarnos de nuestro pecado y mantenernos salvos (Romanos 8:31-39). Todos nuestros pecados están bajo la sangre de
Jesucristo (Juan 1:29; 1Juan 1:6-9).
El asunto es
de que nosotros somos pecadores salvos por la gracia de Dios. Él ha señalado al pecador creyente en su mirada
basada en la muerte de Jesús por nuestros pecados (Romanos 1:16-17; 3:20-30). En la muerte de Cristo algo fue hecho en
consideración a cada pecado que nosotros hemos cometido y que siempre cometeremos. Dios ha tratado efectivamente y eficientemente con
cada pecado antes de que sean cometidos (Romanos 5-6-11).
Jesús quita todo pecado del mundo. Él
es la expiación de nuestro pecado (1 Juan 2:2). En
la muerte de Jesús Dios por siempre borro la condenación de nuestros pecados. Ahora pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, justificados, pues, por la
fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido acceso
por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la
gloria de Dios (Romanos 8:1; 5:1-2).
Pero
si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de
su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos
a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonarnos y limpiar nuestros pecados de toda maldad (1 Juan
1:7-9).
De
tal manera, si clamamos que el hijo de Dios esta perdido estamos ignorando el poder
y suficiencia del espíritu infinito quien ha sellado cada persona salva hacia el día de
redención por su presencia de permanencia
incambiable (Chafer, Salvación, pp. 125-26).
Si
la meta ultima de la semejanza de Cristo dependiera en el acuerdo mínimo del merito
humano, entonces nadie podría ser salvo. Esto
es por la gracia solo en Cristo (Efesios 2:8-10).
Porque Cristo no entró en un lugar santísimo
hecho de manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora
delante de Dios a nuestro favor (p.130). El ahora se presenta en la presencia de Dios a
favor nuestro (Hebreos 9:24).
Jesús
no continua la concordia por nuestros pecados mientras se cometen. Él ha tratado con nuestros pecados y de una ves
por todos en el trabajo completo en la cruz en el Calvario. El perfectamente satisface cada petición de su
justicia en contra del pecado en la cruz (Hebreos 9:11;-15; 24-28; 10:10-14, 19-25).
Ahora
nosotros somos hijos de Dios por adopción. Nuestra
filiación es eterna. Esto es el resultado
del nuevo nacimiento. El creyente nacido de
nuevo posee vida eterna por un licito nacimiento espiritual y nunca perecerá
(Juan 3:3; 1 Pedro 1:23; Hebreos 4:12; 2 Corintios 4:12; 2 Corintios 5:17). Esto no podría ser vida eterna si hubiese
siempre la posibilidad de estar perdido.
¿Es la
moral del hombre mas fuerte que la moral de un Dios soberano? No puede haber una caída en
él ultimo Adán. El negar la seguridad eterna del creyente es...asumir que el hijo
de Dios puede enflaquecer en aquellos que estamos firmes (Chafer, p.133).
Dios
efectuara todo en su propósito eterno por el creyente. No hay nada más grande en
el poder de Dios para nosotros que esa donde seremos convencionales a su imagen de su
Hijo (p. 133). Esta meta es conservada
en su propio poder, y nada puede impedirle a él en ganarlo a su completa satisfacción.
Dios siempre
completa lo que él empieza. Estando
convencido de esto: Que el que en vosotros comenzó la buena obra, la perfeccionara hasta
el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6).
Selah!
(c) 2003 Mensaje por Wil Pounds. Traducida por
Juanita Morazan.
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