La Meta de la Justificación
El mensaje de la
salvación se vuelve distorsionado y confuso cuando se nos dice "Limpie su propia
vida y después Dios le salvará".
La justificación
no es la santificación. Sin embargo, la justificación siempre conduce a la
santificación. Nosotros no somos salvos, porque somos buenos. Nosotros somos
salvos porque somos pecadores perdidos que no somos buenos. Jesús declara
"ninguna condenación", y entonces Él nos manda a vivir una vida santa. Nadie
puede limpiar su vida y luego venir a Jesús. Siempre es al revés. Él nos salva,
y luego el Espíritu Santo hace un trabajo progresivo de la santificación en
nosotros por el resto de nuestras vidas.
La ley no fue
capaz de producir la justicia en las personas para que puedan ser salvas. Jesús
fue a la cruz y realizo esto para los que Él vino a salvar. Dios nos salvó,
separado de las buenas obras para que podamos ser capaces de producir buenas
obras.
La muerte de Jesús
trató con nuestro castigo por el pecado, el poder del pecado fue roto, y
después cuando Él venga no tendremos nada más que ver con el pecado.
La meta de la justificación es nuestra
santificación. Es por el Espíritu Santo que nosotros hemos sido apartados para
Dios de una vez por todas. Además, Él poco a poco, momento a momento, nos separa
para Dios. Jesucristo nos ha salvado para que podamos vivir vidas santas. Dios
condena el pecado en Cristo, a fin de que su justicia pueda aparecer en nosotros
(2 Cor. 5:21). Nuestra salvación es la obra de Cristo separada de cualquier
mérito humano. Nosotros hemos sido salvados para vivir para Cristo. La meta de
la justificación es que podamos vivir esta nueva vida en Cristo ante un mundo
que nos mira. Somos salvos para ser diferentes.
Cuando nosotros
enfocamos nuestros ojos espirituales en Cristo vamos con él en Su camino, y
caminamos de acuerdo a Sus propósitos. Si nosotros estamos siguiéndole a Él nos
quedaremos dentro de Sus límites, y Él no nos llevará fuera del camino de la ley
de Dios. Si nosotros nos apartamos, nosotros no estamos caminando con Él. El
apóstol Pablo escribió, "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era
débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a
causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley
se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu" (Romanos 8:3-4).
Nuestro enfoque
principal es en Cristo, no en la ley. Es por caminar en el Espíritu que Dios
cumple la ley en nosotros. Es Dios quien lo hace, no nosotros.
La santificación
siempre es el trabajo del Espíritu Santo. Es triste pero cierto, que incluso los
cristianos no pueden mantener la ley por sí mismos. Lo que nosotros tratamos de
hacer no podemos hacerlo en nuestras propias fuerzas (Romanos 7). No es que "si
nos esforzamos más vamos a lograrlo." Es en Cristo, y sólo cuando yo me hago
disponible para Él, yo cumplo los santos propósitos de Dios para mi vida. Es
sólo por el poder y la presencia del Espíritu Santo morando en nosotros es que
podemos vivir una vida santa. Este llamado para permanecer en Él momento a
momento. Es cuando yo me hago disponible para Él, Él vive Su vida en y a través
de mí para darle la gloria a Él. Soy un trofeo de la gracia gratuita de Dios.
Es sólo por el
poder del Espíritu Santo que nosotros podemos ¨considerarnos¨ o ¨contarnos¨ a
nosotros mismos muertos y vivos en Cristo. Es solamente cuando nosotros nos
rendimos al Espíritu Santo que nosotros no permitimos que el pecado reine en
nuestro cuerpo y obedezcamos sus malos deseos. Nosotros sólo podemos ofrecernos
a Dios y convertirnos en instrumentos de Su justicia cuando nosotros nos hacemos
disponibles para el Espíritu Santo.
No hay ningún
secreto, no hay atajos, para una vida de santidad y santificada. Dios nos ha
dicho claramente que pongamos nuestra fe en lo que Cristo ha hecho por nosotros
en la cruz y Su resurrección, y conformar nuestro comportamiento a lo que
sabemos es cierto en Su Palabra. La morada del Espíritu Santo aplica la Palabra
de Dios y la verdad de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo; que nos
posibilita vivir Su estilo de vida (Romanos 6:11-13). Usted no puede separar
Romanos 6:11-13 del 8:1-4.
Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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