Hasta que la Muerte Nos Separe
El Apóstol Pablo
nos dice sobre una mujer encantadora que se encontró así misma casada con un
exigente perfeccionista. Él estableció la ley para ella día tras día. Él hizo
insistentes demandas sobre su comportamiento. No hubo ninguna escapatoria de su
viaje de culpa tiránico. No importa lo mucho que ella trato; nada de lo que
ella alguna vez hizo fue lo suficientemente bueno para él. Era imposible estar
a la altura de sus normas de comportamiento y conducta. No importa lo mucho que
ella trato, ella fue un fracaso.
Debido a sus
insistentes actitudes, sus sentimientos alterados entre el temor de sus demandas
exigentes y juicio a un sentimiento de fracaso total de culpa, resentimiento y
hostilidad. Su situación era irremediable. Él era perfecto y ella era justamente
lo opuesto. Vivir con él era imposible.
¿Cuánto tiempo
podría ella continuar en esta situación? Secretamente ella deseaba que él
estuviera muerto. Sin embargo, él estaba en perfecta salud y era un estricto
moralista. Él no iba a marcharse. Él no iba a morir, y para él el divorcio
estaba fuera del panorama.
Entonces usted
sabe, ella conoció a otro hombre. Este hombre era todo lo que ella alguna vez
quiso. Sí, él era perfecto, aún fue equilibrado con el amor. Había gracia sobre
él. Su nuevo pretendiente era todo lo que ella alguna vez quiso. Ella encontró
imposible resistirse a su amor intenso por ella. ¡Además, ella deseó una
relación de amor madura íntima con él!
Con el tiempo, él
le pidió ser suya. Oh, sí, él era consciente de su estado actual. Ella
perteneció a otro hombre. Ella estuvo casada. Además, la ley era muy clara sobre
el adulterio. "La ley tiene jurisdicción sobre una persona mientras él vive."
Cuando una persona muere este es el final de la autoridad de la ley. Sin
embargo, después de que él muere, ella es libre de casarse con alguien que ella
le agrada. Ya que su marido no iba a morir, y él nunca consentiría divorciarse,
había sólo una alternativa. ¡Ella tendría que morir! Entonces la ley no podría
tener ningún efecto sobre ella. Ella podría casarse con quién alguna vez a ella
le agrado y ser inocente.
Yo sé. Usted hace
la pregunta, "Pero si ella estuviera muerta, ¿Cómo posiblemente podría ella
casarse con su pretendiente?"
Hay sólo un
camino. ¡Ella tendría que morir y resucitar de entre los muertos!
El Apóstol Pablo
nos dice que es exactamente lo que nos pasó. "Así también vosotros, hermanos
míos habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de
otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios"
(Romanos 7:4).
Pablo usó una
ilustración simple de ley del matrimonio para mostrar como los cristianos ha
sido liberados de la ley para estar casados con Jesucristo. Sus antagonistas
habían planteado la pregunta, " ¿Pero qué en cuanto a la ley?" “¿No es que la
salvación por la gracia por la fe conduce a la inmoralidad?" Los legalistas
todavía argumentan el mismo punto, "¿No es que el evangelio que usted esta
predicando anula la ley o lo deja de lado?"
El argumento de
Pablo es que la ley es totalmente honrada y satisfecha en las buenas nuevas de
la justificación gratis de Dios al pecador basado en la muerte de expiación de
Cristo. La misma salvación de Dios provee en Cristo que se cumpla la ley.
Además, esto libera a aquellos que han sido mantenidos en su esclavitud,
entonces ellos pueden producir justicia.
Recuerde, "Porque
si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también
lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue
crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a
fin de que no sirvamos más al pecado" (6:5-8).
Esta verdad es
tan crucial para el caminar diario del creyente con Cristo, Pablo nos recuerda
"Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:11). La solución de Dios con nuestro
problema del pecado fue de crucificarnos con Cristo. En lo que a Dios se
refiere, estuvimos allí en la tumba con Cristo y resucitamos en la vida nueva
con Él. Ahora estamos unidos en una unión íntima con nuestro Señor y Salvador.
Pablo desarrolla esta idea y lo aplica al creyente en el capítulo de Romanos
siete. Nuestro entendimiento de este gran capítulo es vital para nuestra morada
en Cristo.
Por favor tenga
en mente el contexto de Romanos capítulo cinco y seis. El creyente ha muerto al
pecado (6:2) y a la ley (7:4). Él es libre del pecado (6:18) y de la ley (7:3).
Él es "justificado del pecado" (6:7) y libre "de la ley" (7:6). Él camina en
vida nueva (6:4) y sirve bajo el régimen nuevo del Espíritu (7:6).
La ¨ley es santa,
y el mandamiento es santo, justo y bueno", pero no puede salvar a alguien. Así
como la ley no puede salvar, también no puede santificar. La ley nunca produjo
justicia en alguien. Esta sólo puede traer la condenación porque nadie puede
cumplir sus exigencias santas. Esto no autoriza a cualquier persona vivir de
acuerdo a sus altas normas. Toda persona está obligada a la ley siempre cuando
él o ella vivan. Entonces, ¿Cómo podemos ser fructíferos? La respuesta a una
vida santa no es la ley, pero una persona que vive dentro de nosotros a través
del poder de Su resurrección. Esta bien, sin embargo, si aún estamos bajo la
esclavitud de la ley. ¿Cómo podemos ser liberados de la ley? Sólo muriendo a la
ley. La muerte debe terminar nuestra antigua relación para entrar en una nueva y
fructífera relación con Jesucristo. Con el fin de obtener la santidad en
nuestras vidas nosotros debemos morir a la ley, a fin de estar libres para
Jesucristo. El salvador es una persona-Jesucristo.
"Así también
vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo,
para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos
fruto para Dios" (Rom. 7:4). Su muerte se hace nuestra muerte. Cuando morimos en
Él morimos a la ley, y cuando resucitamos en Él resucitamos a una nueva
relación. "Con Cristo estoy juntamente crucificado; y ya no vivo yo, más vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de
Dios, el cuál me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál. 2:20).
Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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