Nuestro
Substituto Divino que Sufrió
La sangre de Jesucristo es todo lo
suficiente para completar todo lo que Dios planeo realizar para nuestra salvación
eterna. La muerte de Cristo nunca debe
fallar para ejecutar el propósito eterno por la cual Dios planeó para nuestra
redención.
Porque
Cristo también padeció una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos,
para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el
espíritu (1 Pedro 3:18).
Un Dios justo debe
de tratar con el pecado, y esto fue lo que hizo en el sacrificio de substitución de
Jesucristo por nuestros pecados. Cualquier
sistema de religión que falle a llevar esta doctrina Bíblica seriamente o que niegue
esto es justamente inadecuado de tratar con nuestros pecados. Dios salva y mantiene su justicia por la muerte
de sacrificio de Jesucristo. ¿Cómo puede
existir justicia completa y misericordia al mismo tiempo?
Solamente en la cruz de Jesucristo es posible esto.
¿Por que nosotros nos desafiamos en decir
solamente en la muerte de Jesucristo? Esto es porque Jesucristo era hombre y completamente
Dios. Él es el Dios-hombre. Porque él era un hombre y verdaderamente Dios él
fue calificado a sufrir en el lugar del pecador, como suplente del hombre, una
vez por nuestros pecados. El nunca
experimento pecado personal. Él fue el
hombre perfecto, y el único que podía tratar con la culpabilidad del pecado en nombre de
cualquiera. Jesús fue el Cordero de Dios
sin ninguna mancha o imperfección. Él era libre del pecado. Cristo era la semilla de la
mujer y por lo tanto el no fracasó en Adán. Cristo
no recibió ninguno de los pecados acusados de los cuales los hombres que fallaron
recibieron de Adán en su caída. En todo
punto de su vida él era libre de pecado, puro, santo, sin manchas, y perfectamente
aceptado en Dios.
Por lo
tanto, cuando Jesús murió el no estaba pagando la culpabilidad de una muerte por
cualquier pecado que el haya cometido. Los
sufrimientos de Jesús no eran necesarios por él. El
no-tenia necesidad personal para sufrir y morir a causa del pecado.
La única
razón por la que Jesús sufrió y murió en la cruz fue para proteger la salvación de su
pueblo escogido. Todos nuestros pecados
fueron depositados a él.
Mas allá,
Jesús fue y es el gran Dios del gran Dios.
La humanidad entera de Jesucristo no hizo limite en cualquier manera a la
completa y perfecta divinidad de Jesús. Su
divinidad fue infinita. El gozo de todos los
atributos del Jehová Dios eterno.
Nosotros
no conocemos nada de un sacrificio humano lejos de la divinidad de Jesucristo,
expreso C. H. Spurgeon. Nosotros nos desafiamos en no confiar nuestras almas en un
Salvador que es solamente un hombre. Si todos
los hombres que han vivido, y todos los ángeles que existen, pudieron juntos crear, y
luchar por toda la eternidad para ofrecer un sacrificio que debiera ser una expiación por
los pecados de un solo hombre, ellos pudieron haber caído.
Nada mas que los hombres del Dios en la carne pueden borrar la estupenda
carga. Nosotros tenemos un divino, y sacrificio de substitución en la persona y
labor de la expiación en Jesucristo. La
sangre de Jesucristo es suficiente para cumplir todo lo que Dios ha propuesto realizar. El derramamiento de la sangre de Jesucristo nunca
puede fallar para ejecutar nuestra redención.
Nosotros
ahora podemos poner nuestra confidencia en el hombre perfecto y su substitución de
sacrificio perfecto para salvarnos de la ira de Dios.
Ninguna otra
y todas otras filosofías religiosas nunca pueden traer la paz que pasa todo
entendimiento. Nosotros podemos y
debemos de poner nuestra fe en la obra realizada de Cristo por los siglos. Cualquier cosa fallará, y el alma pecará.
En la cruz
de Jesús nosotros vemos a nuestro suplente divino morir por nuestros pecados. El valor infinito de la divinidad fue
instruido a la expiación de la naturaleza humana. Ni
mis pecados ni los tuyos pueden exceder o ganar el valor de la sangre preciosa de
Cristo, escribió Spurgeon. Si
tus pecados fuesen tan altos como la montaña, el océano de su expiación
cubre la
elevación grande de la montaña. La
sangre de Jesucristo cubre cada pecado. Nada
en su muerte se va abierto para todos aquellos que le invocaran su nombre.
Nada puede
limitar el valor del poder de la sangre preciosa de Jesús.
Nada es tan malo que su sangre no pueda limpiar. Cree en esta verdad que salva y serás salvo por
la eternidad.
Selah!
(c) 2003 Mensaje por Wil Pounds. Traducida por
Juanita Morazan.
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