El Modelo de Oración:
Perdona Nuestras Deudas
¿Por qué es tan
difícil perdonar?
Sólo una persona
comprometida con Cristo se atreve a orar esta oración. "Y perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6:12).
Estas son las
palabras más aterradoras en el Cristianismo.
Esta parte de la
oración nos despierta espiritualmente y nos hace pensar en lo que estamos
diciendo.
¿Tenemos un
espíritu no perdonador? Si las cosas no son justas con otras personas, ¿Cómo
pueden ser justos con un Dios santo?
Jesús enseñó a sus
discípulos a orar, "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos
a nuestros deudores" (Mateo 6:12).
"Nuestras deudas"
es una palabra común para deudas legales, pero aquí se utiliza en deudas morales
y espirituales a Dios. Somos pecadores que hemos ofendido a Dios. "Por cuanto
todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23). "Si decimos
que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en
nosotros... Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su
palabra no está en nosotros" (1 Juan 1:8, 10)
Somos pecadores
que estamos constantemente en la necesidad del perdón. Tenemos obligaciones con
Dios. Nosotros le debemos a Dios una deuda. Lo necesitamos a Él para cancelar
nuestra deuda porque como pecadores nunca podemos pagar esto. Somos
espiritualmente deudores en necesidad de la gracia de salvación de Dios.
"Perdónanos
nuestras deudas," significa "enviar lejos, descartar, limpiar, quitar" (cf. 1
Jn. 1:7-9; Ef. 1:7; Mat. 26:28). De otras Escrituras aprendemos que Dios ofrece
el perdón sobre la base de la sustituta muerte de Jesucristo. Nada se puede
añadir a eso. Nuestra disposición perdonadora no gana el perdón de Dios. Nuestro
perdón se basa totalmente en el favor inmerecido de Dios y la gracia, y no en
cualquier mérito de nuestra parte. Es la gracia divina de Dios en Cristo que nos
salva (Efesios 1:7; 2:8-10).
El acto de perdonar a otros no merece
una recompensa o ganancia eterna, la salvación o vida eterna. Sin embargo,
cuando nosotros perdonamos a otros, esta es la prueba de que la gracia de Dios
está trabajando en nuestros corazones. Lo que es imposible para nosotros llevar
a cabo en nuestra propia fuerza, Dios nos permite hacerlo por el poder de su
morada en nuestros corazones. Si mantenemos nuestra amargura y rencor y el no
perdonar, tenemos que examinarnos a nosotros mismos. El apóstol Pablo nos
amonesta, "!Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros
mismos!¨! ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros,
a menos que estéis reprobados?! (2 Corintios 13:5).
La gracia de Dios
en el corazón del creyente le lleva a la santificación de las verdades de la
Palabra de Dios. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).
En la más hiriente
experiencia de vida nosotros perdonamos, y elegimos perdonar de nuevo. Se trata
de un proceso por el que confesamos nuestros pecados, y decidimos perdonar a la
persona que nos ha ofendido. Es una elección que hacemos de una vez por todas
para que esto se vaya y confiar en Dios con las consecuencias. Y cada vez que el
"hombre viejo" lo trae de nuevo, nosotros elegimos perdonar de nuevo. Nuestra
naturaleza pecaminosa nos recordara las heridas de la vida.
Cuando decidimos
perdonar, nosotros demostramos que somos hijos de Dios y hemos experimentado Su
gracia salvadora. Por naturaleza, este no es algo que hacemos por nuestra
cuenta. La naturaleza humana, dice hazte cargo, véngate, no permita que esto
suceda en usted. Sin embargo, nos hemos convertido en personas nuevas, un cambio
radical ha tenido lugar en nuestros corazones y no podemos vivir en el carácter
de la persona antes de que viniéramos a Cristo. El poder de perdonar viene de la
vida nueva en Cristo.
La salvación
siempre comienza con la elección de la gracia de Dios y nunca con nosotros (1 Jn.
4:19; Jn. 13:15; Ef. 4:32; 1 Pe. 2:21). La evidencia de la gracia de salvación
es cómo respondemos a las circunstancias de la vida.
Jesús enseñó a sus
discípulos a orar, "Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores." La idea se puede parafrasear: "Perdónanos nuestros pecados,
en proporción, como también nosotros perdonamos a los que han pecado contra
nosotros." Jesús lo dice con palabras poderosas en los versículos 14 -15 que si
también nosotros perdonamos a otros, Dios nos perdonara a nosotros, pero si nos
negamos a perdonar a otros, Dios se negara a perdonarnos.
"Porque si
perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro
Padre celestial" (Mateo 6:14-15).
Ninguna cantidad
de excusas, o interpretar las palabras de una manera que satisface nuestra
naturaleza humana pecaminosa no funcionará. El perdón humano y el perdón divino
son relacionales. Jesús dice nuestro perdón a los demás y el perdón de Dios a
nosotros no pueden separarse. Están relacionados entre sí.
Esta oración nos
fuerza a arrodillarnos en humilde confesión y arrepentimiento.
¿Se acuerda de la
pregunta de Pedro sobre el perdón? "Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano
que peque contra mí? ¿Hasta siete? "la respuesta de Jesús fue desconcertante:"No
te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete"(Mateo 18:21-22).
Después Jesús dijo una parábola sobre el perdón y concluyó, " 'siervo malvado,
toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su
señor, enojado, le entrego a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía.
Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón
cada uno a su hermano sus ofensas"(vv. 23-35).
Jesús dijo que el
perdón debe estar presente en nosotros si queremos recibir el perdón del Padre.
Tenemos que estar dispuestos a perdonar a otros si hemos experimentado su
perdón. La persona buscando el perdón debe tener primero la acción de perdonar
con respecto a aquellos que han pecado contra él.
Jesús nos
mantiene llevándonos de regreso a un nacimiento espiritual, un cambio radical en
nosotros, "De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es; las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17). El perdón
es la prueba de un cambio radical en nuestros corazones.
¿Alguien en esta
vida terrenal llegó a este perfecto estado de perdonar? Vamos a enfrentar la
realidad de que sólo Jesucristo ha sido capaz de perdonar perfectamente (Lucas
23:34). Nuestro perdón es tan imperfecto.
Dejar de lado
todas las excusas, nos vemos obligados a llegar a Dios y hacer frente a estos
temas del perdón y recibir perdón diariamente. Esta oración de perdón debe de
ser una prioridad a diario en nuestras vidas.
Jesús espera que
su pueblo perdone a otros, y Él da la certeza de que el perdón de Dios es
seguro. Para que podamos disfrutar del perdón de Dios de nuestros pecados
debemos perdonar a nuestros deudores. Recibimos lo que damos. Jesús dijo,
"Bienaventurados los misericordiosos porque ellos recibirán misericordia."
Lo que es
humanamente imposible de lograr, Dios nos permite hacerlo por su poder
trabajando dentro de nosotros. Su gracia en nosotros nos da el deseo y la
capacidad de perdonar a nuestro prójimo. Cuando tomamos medidas para perdonar
tenemos un testimonio creíble a nuestro vecino perdido. Se puede ver la gracia
de Dios trabajando en nuestras vidas. Él verá el cambio y preguntará, "¿Qué te
hace diferente?"
La venganza sólo le pertenece al Señor (Rom. 12:19). Nosotros le pasamos cada
situación al Señor y le confiamos esto a Él. Podemos encontrar un mayor ejemplo
de esta acción en Cristo mismo, mientras colgaba de la cruz. Él oró, "Padre
perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34; Jn. 13:12-15; Ef. 4:32;
5:1-2; Col. 3:13). El perdón de Cristo debe haber asustado a los que le
insultaron, maldijeron y abusaron de Él en la hora de Su muerte. Uno de los
delincuentes vio la diferencia en Cristo y respondió a su amor.
Hay una enorme
sensación de paz interior de la mente y el corazón cuando decidimos perdonar. El
nombre de Dios es glorificado porque hemos sido obedientes a su mandato.
Sólo el poder de
Cristo que vive en nosotros puede dar poder para perdonar. "No debáis a nadie
nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la
ley" (Rom. 13:8).
Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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