La Tierna Compasión
del Sumo Sacerdote
La segunda mayor
verdad en la Biblia es que Dios se hizo carne y habito entre los hombres. Lo más
grande es que Dios se hizo hombre porque él nos amó tanto que él iría a la cruz
y personalmente moriría por nuestros pecados.
Jesucristo se hizo
como usted y como yo. Él santificó la vida asumiendo una completa naturaleza
humana sin pecado mediante su encarnación. Él fue completamente humano y
completamente Dios. Jesucristo es Dios. Jesucristo es hombre. La Biblia pone
estas dos grandes verdades de la plena deidad y la plena humanidad juntas. Él
era Dios-hombre. Cuando miramos a Jesús nosotros vemos a Dios mismo. "Alguien
que me ha visto a mí ha visto al Padre." Lo que hace a Jesús tan único es que Él
es el único en quien usted y yo podemos ver a Dios.
Jesús plenamente
experimentó lo que significa ser un hombre. Él experimentó todo lo que
experimentamos con una excepción que él nunca pecó con el pensamiento o los
hechos. Por eso él puede ser nuestro gran sumo sacerdote e intercesor.
Jesús nunca
experimentó el pecado personal, pero él fue contado como pecador de nuestra
parte y murió como nuestro sustituto. La encarnación hizo posible que Jesús
muriera. Dios no puede morir. Sin embargo, un cuerpo humano hizo posible para
Jesucristo morir en la cruz y pagar nuestro castigo por el pecado. Tres días
después él resucito en su cuerpo físico y luego ascendió al cielo. El destino
eterno de una persona depende de su relación con la verdad eterna en
Jesucristo.
Por lo tanto, el
escritor de Hebreos dice, " Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentando en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado" (Hebreos 4:15-16).
Como él es
Dios-hombre, Jesús esta lleno de tierna compasión. Podemos venir a él esperando
la completa, tierna, profunda simpatía y compasión. Nuestro gran sumo sacerdote
está siempre dispuesto a fortalecer y consolar, a sanar y restaurar al creyente
herido. Él esta siempre listo a recibir a todos los que lo llaman en el trono
de gracia. Al igual que con el apóstol Pablo, Cristo nos dice, " Mi gracia es
suficiente para ti. "
Tenemos una
provisión maravillosa de la gracia de Dios en nuestros tiempos de pruebas. Está
siempre disponible para nosotros. Nuestro sumo sacerdote exaltado es el Hijo de
Dios. Porque él es hombre, así como Dios, él ya ha entrado en el cielo y está a
la diestra del Padre. "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó
los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión" (v. 14). Por lo
tanto, es imposible para los que son realmente el pueblo de Dios que se pierdan
el descanso perfecto y eterno.
Tenemos un sumo
sacerdote de dignidad suprema, excelencia divina y la suficiencia para responder
a nuestra necesidad espiritual (v. 15). Porque no tenemos un sumo sacerdote que
no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo
según nuestra semejanza, pero sin pecado" ¡Sólo Dios-Hombre podría lograr esto!
La invitación esta
siempre abierta "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para
alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (v. 16).
La única cosa
requerida para venir al trono de gracia es entender que somos pecadores, y que
él es nuestro Sumo sacerdote. Venimos en fe como pecadores y santos. Hay un
lavado de nuestros pies, una venda para nuestras heridas, y el mantenimiento de
la gracia en nuestro tiempo de necesidad. En su gracia él hace que todas las
cosas trabajen juntas para nuestro bien y para Su gloria.
Todos los
creyentes, jóvenes y viejos, débiles y fuertes, ricos y pobres, han sido "
traídos cerca por la sangre de Jesucristo, " y por lo tanto tienen la libertad
de acceso a la presencia misma de Dios. ¿Por qué nosotros deberíamos siempre
retroceder en la cobardía o la impaciencia?
Las circunstancias
en nuestras vidas diarias hacen que le invoquemos, y cuando él nos libra lo
glorificamos.
Vamos a aprovechar
al máximo cada oportunidad y llegar al trono momento a momento cada día con
honestidad, transparencia y franqueza. Aquí está una persona a la que podemos
verter nuestro corazón con confidencialidad. Podemos venir como somos, decir lo
que sentimos, confesar todos nuestros pecados, y pedir lo que necesitamos en
confianza. No tenemos que avergonzarnos ante él porque es su sangre la que
limpia y su Espíritu que nos refresca espiritualmente.
¡Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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