Partícipes de Cristo
Que claramente y
dulcemente Dios nos habla en la persona de su Hijo Jesucristo. Él es la palabra
encarnada quién murió en nuestro lugar sobre la cruz.
Nuestros corazones
se hacen suaves y sensibles cuando recibimos la palabra de Dios en nuestro
corazón, reconociendo nuestro pecado y la sangre de Jesucristo quita todos
nuestros pecados.
Que trágico cuando
nuestros corazones rechazan la gracia de Dios y se endurecen en la incredulidad.
Somos salvos por la fe solamente en Jesucristo; estamos perdidos por la
incredulidad. Nuestro corazón es purificado por la fe en Cristo, pero este es
endurecido por la incredulidad. La fe en Cristo nos trae cerca de Dios, pero la
incredulidad nos separa de él.
No hay pecado que
no pueda ser perdonado si el pecador cree en Cristo.
Un corazón de la
incredulidad es un asunto muy serio con Dios. Es el corazón de cada problema
espiritual. Un corazón incrédulo causa un corazón de piedra que es insensible a
Dios.
Un corazón
incrédulo se refiere a un corazón única y exclusivamente controlado por la
incredulidad, en el cual no hay fe.
Por otro lado, la
prueba de que somos hijos de Dios es que mantenemos nuestra confesión de fe en
Cristo. Los verdaderos creyentes tienen una salvación eterna, porque confiamos
en un Salvador vivo que constantemente intercede en nuestro nombre.
Los creyentes que
dudan de la palabra de Dios o se rebelan contra él serán disciplinados. Ellos no
perderán su salvación, pero se pierden de las bendiciones, la gracia de Dios y
sufrirán el castigo de Dios. Jonathan Edwards dijo que la prueba de seguridad de
elección es que el creyente se mantenga hasta el final.
La posesión de la
salvación es evidencia de una continuación de fe al final de nuestras vidas, a
pesar de la presencia de los sistemas de creencias mundiales y la persecución,
nosotros soportamos por la causa de Cristo.
El escritor de
Hebreos dice: "Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que
retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio" (3:14).
La asociación con Cristo Jesús implica
una unión vital con él. Charles Williams lo traduce, "Ya que nos hemos hecho
verdaderos partícipes en Cristo…" ¨Ya que nos hemos hechos los participantes de
Cristo…¨ (NASB). La acción es completada en los tiempos pasados y por
consiguiente tiene resultados presentes. "Ya que nos hicimos los participantes
del Mesías con el resultado presente es que somos partícipes de él. . . "Nuestra
fe es en la obra terminada de Cristo. Había un tiempo cuando nosotros no éramos
los "participantes de Cristo".
En su unión vital con nosotros, Cristo
Jesús entró en perfecta comunión con nosotros. Su muerte y su vida se
convirtieron nuestras espiritualmente. Somos co-crucificados, co-enterrados, y
co-resucitados con él. Todos los beneficios de salvación y santificación de la
muerte y resurrección de Cristo son ahora nuestros. Es de esta relación íntima
con él que vivimos la vida Cristiana y le servimos.
Nuestra salvación consiste en la
posesión en Cristo, en ser una vida con él, y tenerle a él mismo como nuestro.
Él se dio a sí mismo cuando creemos en él. "Yo en ti y tú en mí".
Gálatas 2:20 nos dice Cristo está en
nosotros. "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive
Cristo en mí;. . . ". La vida que ahora vivo en este cuerpo físico es por la fe
del Hijo de Dios, quién me amó y se entregó a sí mismo por mí. Yo vivo por fe
en el Hijo de Dios. Cristo es nuestra vida, y por lo tanto personalmente mora
en nosotros y vive su vida en y por nosotros.
Porque nosotros hemos entrado en esta
nueva vida en Cristo, ahora podemos vivir como personas que se han convertido en
partícipes de Cristo. Compartimos su vida.
Podemos entrar más allá de la gracia
de Dios que estamos en Cristo Jesús. Él nos ha salvado por el sacrificio
perfecto expiatorio de su Hijo. Estamos por completo en su justicia, no en la
nuestra.
Podemos entrar no
más lejos en el favor de Dios que estamos en Cristo a Jesús.
Somos hechos partícipes de Cristo por
la fe. Es por la fe en él que tenemos nuestras riquezas en Cristo para que Dios
pueda trabajar en nosotros todo lo que hay en él para nosotros (Efesios
3:17-19). Es por la fe en Cristo que nos hace partícipes de las riquezas de su
gracia.
¡Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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