Esperanza para las
Personas Desesperadas
No hay casos sin
esperanza con Jesucristo.
Jesús siempre invita a gente desesperada, e
impotente, para que vengan a Él. Él dio la mayor invitación a todos los
pecadores, desesperados y desamparados cuando dijo: "Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28). "Y al ver
las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas
como ovejas que no tienen pastor" (9:36).
¿Se siente agobiado y
lanzado a un lado? Para el cansado que está dispuesto a renunciar, Jesús dice:
"Venid a mí". Para aquellos que sienten que han sido "desollados vivos",
agobiados, con problemas, preocupados, importunados; les invita a venir a Él.
Para aquellos que han sido abatidos de una herida mortal y se sienten sin
esperanza, Él les da esperanza y vida.
Usted no tiene que
mirar muy lejos en las Escrituras antes de darse cuenta de que el pueblo de Dios
sufrió. "Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de
espada, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras,
pobres, angustiados, maltratados" (Hebreos 11:37). No es de extrañar que eran, y
siguen siendo, "de los cuales el mundo no era digno" (v. 38a). Rechazados y
abandonados por los hombres, pero no por Dios.
El énfasis central y
más importante en la Biblia es la habilidad de Jesús para quitar nuestros
pecados y nuestro reproche a Dios, y para restablecer nuestra salud espiritual.
Jesús sintió compasión
por la multitud y les dio Su descanso. Mateo, el recaudador de impuestos se
convirtió en el apóstol Mateo. Él era políticamente inaceptable, religioso y
socialmente era un marginado, pero no así con Jesús.
Jesús le dijo al
paralítico: "Tus pecados te son perdonados." Antes de gritar que es irrelevante,
Jesús no sólo perdonó los pecados del hombre, sino que también lo sanó tanto
física como espiritualmente. Es evidente que sólo Dios puede perdonar el pecado,
y Jesús es Dios (Mateo 9:5-8). Para cada persona indefensa y desesperada Jesús
dice: "Tus pecados te son perdonados."
Jesús enfrentó las
huestes del infierno y ellos se preguntaron: "¿Qué tienes con nosotros, Jesús,
Hijo de Dios?" ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? "(8:29).
Porque Jesús es el Hijo de Dios, sólo Él puede echar fuera los demonios en la
vida de una persona y disponer de ellos como Él desea (vv. 30-31).
Para la mujer sorprendida en pecado, Él
dijo: "Vete y no peques más" (Juan 8:11). A la mujer incurable que había ido a
todos los médicos durante 12 años cuando su estado empeoró de manera constante,
sin ninguna ayuda ni esperanza, Jesús trajo sanidad a ella desde aquel momento
(Mateo 9:22). Jesús tomó por la mano a una niña muerta, y ella se levantó,
siendo resucitada de los muertos (9:24-25). Jesús puede resucitar a los muertos
porque Él es Dios. El tocó los ojos de los ciegos, y "sus ojos fueron abiertos"
(v. 29-30).
En la persona de Jesús Cristo, hay
esperanza para los desesperanzados. Lejos de la gracia de Dios, nuestro caso es
imposible. Somos pecadores, y nosotros no podemos limpiarnos a nosotros mismos.
Debido a que estamos muertos en nuestros delitos y pecados, Dios nos ha
resucitado con Jesucristo y nos ha sentado con Él en los lugares celestiales. Él
nos ha hecho vivos en Cristo. Nosotros también podemos declarar que no hay casos
sin esperanza con Jesús.
Todos somos impuros,
aislados, sin esperanza, y muertos en nuestros pecados sin Cristo. Para ser
salvos del pecado, debemos tener la gracia poderosa, limpiadora, y perdonadora
de Dios. Aparte de eso, somos personas desesperadas.
Por otra parte, el Espíritu de Dios "nos
ayuda en nuestras actuales debilidades" (Romanos 8:26, Phillips). Cuando estamos
en una situación desesperada, el Espíritu Santo viene y renueva nuestra
esperanza. Cuando no sabemos cómo o por qué orar, Él intercede conforme a la
voluntad de Dios, porque no hay circunstancias de desesperanza o desamparo.
Cuando nuestros
corazones están llenos de un miedo cegador, El derrama la luz de Su presencia y
conocimiento en todos nosotros.
En nuestro estado de
desesperación, el Espíritu de Dios viene y nos infunde Su esperanza.
¡Selah!
Mensaje por Wil
Pounds (c) 2009 traducido por Katia Blandin
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